Decepcionante partido de los de Pellegrini, que fueron superados por la mayor garra del rival. Los blancos no tuvieron ideas
El Madrid se esfuma ante el rugido francés
O. LyonReal Madrid
10
Lyon: Lloris; Réveillère, Cris, Boumsong, Cissokho; Makoun, Toulalan, Pjanic (Kallstrom, m.79); Govou, Lisandro (Gomis, m.82), Delgado (Bastos, m.90) 0 -
Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Ramos, Albiol, Marcelo (Garay, m.46); Mahamadou Diarra, Xabi Alonso, Granero; Kaká; Higuain (Benzema, m.64), Ronaldo
Gol: 1-0, m.47: Makoun
Árbitro: Martin Atkinson (ING), amonestó al local Govou y a los visitantes, Xabi Alonso, Marcelo y Arbeloa.
Incidencias: Partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones disputado en el estadio Gerland de Lyon ante 40.351 espectadores.
El entrenador del Olympique de Lyon, Claude Puel, subió como técnico en Francia haciendo crecer a enanos. Al Mónaco y al Lille, equipos menores, les aupó a las alturas haciéndoles morder la bala, estrujando a cada uno de sus chicos hasta hacerles sudar sangre. Sacrificio, colectividad, orden y mucha estrategia para compensar la mayor calidad de los otros, que eran más en dinero y mejores en talento y calidad.
Así que la llegada del todopoderoso equipo galáctico era una lección sabida, aprendida, repasada y estudiada una y otra vez hasta que la memoria se hacía mecanismo en los pies. En diez minutos los franceses habían embolsado al Madrid: ayudas en las bandas de a tres, salidas por los costados y una fijación grabada a fuego en la mente de los distribuidores de balones largos: buscar la espalda de Marcelo al que, como era de esperar, le tembló hasta el alma en cuanto le pusieron delante un rival de enjundia como es Govou.
Con carreras kilométricas, con presión más allá de sus fronteras, con un desgaste descomunal, a tono con el estilo Puel, el Olympique consiguió nivelar la maquinaria blanca. Incluso llegó con cierto peligro a Casillas en un tiro al palo de Delgado. Empalmes de Govou ante la mirada complaciente de Marcelo y un cierto regusto amargo en toda la zaga blanca porque no lograban hacerse con el balón. Si el Madrid no tiene a su amada, la pelota, sus jugadores sufren como jornaleros en agosto, y así ayer les tocó apechugar, recular y dejar su estilo a la espera de que los pulmones reventaran en los pechos de los esforzados franceses. Al contrario que en muchas otras ocasiones, el Madrid aguantó el envite inicial y parte del primer tramo en un parcial en el que sus figuras apenas dieron pinceladas de su arte, destellos de un puñal peligroso para la salud de Lloris, ese que dicen que es el sustituto de Casillas en el horizonte, el mejor portero joven del mundo. No fue algo que se pudiera comprobar en una primera parte difuminada por el sudor local, borrada la artesanía blanca en los rugidos de fiereza francesa que sí, mordían la bala y todo lo que oliera a blanco, peligrando el tobillo de Cristiano y oscurecido Higuaín ante la falta de munición de corto alcance.
Lo que no había logrado el Olympique en 45 minutos de golpear contra el muro, lo hizo en un solo minuto, con un zapatazo de Makoun envenenado hacia la escuadra de Casillas, que empezó a jurar en arameo cuando vio que ningún zaguero entraba a los llegadores franceses.
Nula colectividad
Ahí se quedó el partido en el escenario preferido de los franceses: metidos atrás para que la velocidad de Lisandro y Delgado matase a los blancos, que las pasaron peor que moradas. Todos los nervios afloraron en el Madrid: histérico Casillas en los saques, perdido el medio campo y ofuscados arriba, el equipo se hizo neblina.
Sin colectividad, el equipo de Pellegrini aprovechó el hundimiento físico del rival para probar arriba logrando cosillas (un penalti no pitado a Cristiano, dos tiros...) pero sin fruto final. Lo tiene mal.

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