Tres sílabas ahítas de complejos. Tres gritos atávicos, casi onomatopéyicos, son capaces de resumir toda la diversidad cultural de una Nación. Porque todo separatismo es de boquilla. Cuando la gloria se arrima a nuestra esencia común y nos vemos obligados a hacer piña en defensa de lo que realmente somos, nadie enarbola pancartas de independencia. Y anoche, cuando un simple balón de cuero puso al país a cantar al unísono, quedó demostrado que España está por encima de pamplinas e ideologías. Con la madre no se discute. Hasta los negros de Soweto, triunfadores de una independencia que les llegó por justicia histórica, lo saben. Estaba Xavi dirigiendo a la Nación sobre el césped sudafricano y un silencio común, o un miedo que nos igualaba, nos enseñaba lo que tantos disgustos nos ha costado aprender. Eso que ya vislumbramos en el fallo de Cardeñosa, en el gol de Míchel a Brasil, en el codazo de Tassotti, en el mano a mano entre Julio Salinas ante Pagliuca, en el banderín de Al Ghandour... España nos une en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. Anoche se celebró esa boda en todos los rincones del país. Echaron a Hemingway de Pamplona porque era protagonista la Selección. Se escucharon cánticos españoles en la fuente de Canaletas y por todas las Ramblas abajo. Tembló el hierro del Guggenheim ante el eco ensordecedor de Es-pa-ña. Se detuvo La Coruña en la plaza de María Pita...
Pasó lo que pasó. Ay, lo que pasó. Dios mío, qué cosa más grande pasó. Pero el Mundial ya se había ganado de antemano. Una nueva generación de españoles sin memoria histórica nos había llevado allí hasta donde nuestros complejos nos habían impedido ir antes. Un grupo de chavales a quienes lo de Cardeñosa, Míchel, Tassotti, Pagliuca o Al Ghandour le parecen batallitas de abuelo pesado nos guiaron por la senda de un nuevo tiempo para España, que descaradamente vive ajena a sus dirigentes. Ese equipo histórico que ya jamás olvidaremos se acordó a la hora de la verdad de Rafael Nadal, Pau Gasol, Fernando Alonso, Jorge Lorenzo y otros compatriotas coetáneos que han conseguido demostrarnos que para vencer, para triunfar, lo más necesario es el talento. Casillas, Ramos, Puyol, Piqué, Arbeloa, Busquets, Xavi, Xabi Alonso, Iniesta, la madre que te parió Pedro y Villa. Reina, Arbeloa, Marchena, Albiol, Fábregas, Torres, Navas, Silva, Javi Martínez, Mata y Llorente. Valdés, Senna, Güiza y Cazorla. Andaluces, vascos, catalanes, blancos, negros, emigrantes. Ganadores todos. Los que fueron y los que no pudieron subirse al avión a última hora. Enhorabuena. Y gracias. Muchísimas gracias por haber organizado este coro nacional que anoche exclamó su grito esencial en todos los resquicios del país para emocionarnos estrepitosamente. ¡Es-pa-ña, Es-pa-ña, Es-pa-ña! Tres sílabas que ayer volvieron a hacer historia. Campeones.


