—¡Ay!, ¿ya bajamos? —exclama Carmen mientras recoge ordenadamente sus cosas y las coloca con cuidado en su andador, donde las pueda tener al alcance.
—Ya bajamos, ¿cómo estás hoy? —pregunta Sara, auxiliar en la residencia Reifs Utrera.
—Muy bien. Cada día mejor —responde.
«Tras la muerte de mi padre, mi madre se aisló», relata una de sus hijas. «Estaba metida en un pozo. Se disgustaba con las visitas, incluso nos echaba de su casa». Pero la vida de Carmen Cotrino ha dado un giro radical desde que, hace seis meses ya, su familia tomara la decisión de llevarla a la residencia Reifs Utrera.
No es una decisión fácil. Nunca lo es, pero Carmen apenas se sostenía erguida. Ahora sus hijos afirman que un cambio así era inimaginable. «La depresión le había robado las ganas de moverse», explican. El equipo de fisioterapeutas de Reifs se puso las pilas con Carmen en cuanto cruzó la puerta de la residencia: «Empezamos a despertar su cuerpo, aunque siguiera sin tener ganas. Primero, con ejercicios que ayudaran a mover los brazos y las piernas», detalla Sara.
Los especialistas en Reifs seguían una rutina: le hablaban cada día intentando animarla, «pasito a pasito». «Independientemente del estado de salud, de la fortaleza o fragilidad de las personas que cuidamos, en Reifs Utrera intentamos ofrecer una atención integral, individual y adaptada». Nunca se es demasiado mayor ni demasiado tarde para comenzar una nueva vida. «Aquí se benefician, además, de todo lo que les aporta el ejercicio, la actividad física. Nunca nos rendimos, siempre se puede mejorar».

Como tantos otros antes que ella, Carmen mejoró. «Con un ánimo que no vimos antes, comenzó a realizar los ejercicios que le decíamos, a esforzarse, a mostrarse más activa, a comer sola, a querer ponerse de pie». Sin prisa, pero sin pausa, Carmen comienza su jornada en el gimnasio.
—¿Qué hago ahora? —pregunta curiosa.
Con cariño, el equipo de Reifs Utrera va lanzando una serie de indicaciones: «Ahora vamos a trabajar las piernas, ahora el equilibrio, ahora los brazos, ahora vamos a ponernos de pie…». Su familia afirma que al principio les resultaba difícil creer lo que les contaban desde Reifs. «Cuando les dijimos que íbamos a intentar que volviera a caminar… no nos creían. Era el objetivo que nos habíamos propuesto, que volviera a levantarse, a recuperar su autonomía. Y lo está logrando. Se siente mejor, más fuerte y no solo ella, su familia está encantada y satisfecha por cómo evoluciona, tanto que no les importa esperar un poco para verla mientras ella termina su sesión», detalla Sara.
—Ya voy sola al baño, y ahora quiero dejar de usar la silla de ruedas —anuncia orgullosa.
—Si llegamos a saber esto, la hubiéramos traído seis meses antes —añade su hijo con una mirada de orgullo y cariño. Dicen que no hay nada como la casa de uno, pero mi madre en casa no estaba bien.
En esta, su segunda casa, Carmen tiene compañeras a las que aprecia mucho, «sin poner a una por encima de otra» y se siente querida por las trabajadoras y trabajadores del centro a los que les está muy agradecida. «Nosotros, Sara, Carmen, José y María del Mar, el equipo de fisioterapia de la residencia Reifs Utrera sí que estamos agradecidos con su cariño y su valentía y sobre todo por la confianza que su familia y ella depositaron en nosotros. Gracias Carmen».
Para más información entra en residenciasreifs.com