Alemania vapuleó a Brasil el pasado martes y asombró al planeta fútbol con su estabilidad en defensa y su eficacia en ataque. El correctivo propinado a los brasileños ha sorprendido a todos los aficionados al fútbol. Si bien es cierto que Brasil no llegaba al encuentro ofreciendo buenas sensaciones y no deslumbraba a sus enemigos con las estrellas que visten su camiseta, nadie se esperaba que el anfitrión cayese eliminado con tanto estrépito y sin oportunidad de pelear hasta el último aliento.
No obstante, no todos observan a los alemanes con ojos de preocupación. Para Diego Armando Maradona, haber ganado tan cómodamente a la canarinha puede convertirse en un arma de doble filo. «Están agrandados. Mejor para nosotros», señaló el mítico delantero de la Albiceleste.
Evitar favoritismos
La realidad es que el 7-1 a Brasil no ha llevado ningún título a las vitrinas alemanas. Los halagos recibidos por el conjunto germano pueden terminar confundiéndolo y provocar que caiga hipnotizado en la espiral de euforia que les rodea. Por esta razón, en algunos sectores del país europeo la idea está clara: No se debe salir con el convecimiento de que el Mundial está ganado. No es la primera vez en la historia del fútbol que el conformismo, el sentimiento de superioridad, termina durmiendo la mentalidad ganadora de los equipos en apariencia favoritos.
En este Mundial de Brasil 2014, Holanda fue el claro ejemplo. La «nueva» Naranja Mecánica dirigida por Louis Van Gaal estuvo a punto de perder contra Australia en el segundo partido del torneo tras haber derrotado a España por cinco tantos a uno. Sin embargo, esta situación es diferente a todo lo anterior. Hablamos de una final de la Copa del Mundo. Los alemanes lo saben y en su mayoría están mostrándose precavidos, intentando no asumir el papel de favoritos.
Desde Alemania se busca templar el ambiente, sin declaraciones que puedan herir sensibilidades al otro lado del charco. «Argentina es una selección muy profesional, compacta y difícil de vencer», aseguró Thomas de Maizière, ministro del Interior y responsable de Deportes del gobierno de Angela Merkel.
Por su parte, el director deportivo del Bayern de Múnich y campeón de Europa en 1996, Matthias Sammer, aseguró: «El fútbol minimalista de los argentinos no debe infravalorarse». Pero no todos buscan esquivar los favoritismos. Parte de la prensa alemana muestra confianza en su equipo días antes de la final del próximo domingo.
Hasta ahora, Argentina ha sido un rival aparentemente frágil, al que se le pueden hacer heridas. El propio Maradona afirmó tras la clasificación de la albiceleste para la final que el equipo fue «Mascherano y diez más». Y es que el «Jefecito» se ha transformado en un líder del vestuario.
El papel de Mascherano
Su capacidad de liderazgo, su esfuerzo y su gran rendimiento en la competición le han convertido en incuestionable para el entrenador del equipo, Sabella, que ofreció tras el encuentro su opinión sobre el partido del estandarte defensivo: «Mascherano es un baluarte, un símbolo. Todos los técnicos que le conocen se lo quieren llevar a su equipo».
El defensa del Barcelona ha asumido el rol de líder arengando a sus compañeros en momentos clave del partido, ofreciendo dos perlas en forma de frases que han adquirido gran repercusión. Antes de comenzar el partido de cuartos frente a Bélgica, motivó a sus compañeros señalando que «Estoy cansado de comer mierda. Llegó la hora de entrar en la historia». Asimismo, en la última charla anterior a los penaltis frente a la selección holandesa, se acercó al portero del equipo, Sergio Romero, y le aseguró que se convertiría en héroe.







