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Despojado

Día 15/03/2011 - 23.29h

Durante la experiencia que va adquiriendo el ser humano a lo largo de la vida, va tomando conocimiento de reacciones vivenciales a veces horribles por parte de personas más o menos conocidas. Situaciones que solo la envidia, los complejos y demás reacciones enfermizas pueden explicar pero que se suelen dar con excesiva frecuencia.

No es raro en una conversación oír como se despelleja a alguien, como se le desnuda sin ton ni son, solo por el afán de empequeñecerlo. Torpe acción ya que quienes así actúan, sayones y difamadores, carecerán siempre de estatura por grande que sea la talla soportada por sus huesos. Al ser comparados en altura con los por ellos criticados, siempre serán enanos.

La frívola y envidiosa sociedad en la que estamos inmersos —cuaresma terrible en la que solo el arrepentimiento y la penitencia puede salvarnos— se dedica de forma inmisericorde a un intento mezquino por quitar, por despojar de honra y buen nombre a los demás, quizás porque ella misma carece de nombre propio y honradez en muchas de sus capas.

Horrible, triste, desgraciada la persona o el grupo humano que se dedique al critiqueo, al torpe y soez intento de despojar de su buen nombre a quien es un supuesto conocido. Sucio ejercicio del que huele mal porque solo heces guarda tras el ropaje aparente con que cubre sus miserias. Terrible penitencia el verlos. Cuaresma de Sevilla.

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