La Junta de Andalucía se ha convertido en una señora aburguesada con aires aristocráticos a pesar de su corta edad. Este Régimen se ha apoltronado como si hubiera nacido en los años esplendorosos del Barroco o en la época refulgente del Rococó. Con poco más de treinta años de existencia, la Junta se asemeja a esos ricos de toda la vida que no saben apretarse el cinturón porque jamás lo han hecho en su familia, que no miran los precios cuando van a las tiendas donde compran lo que se les antoja, que no revisan las cifras del presupuesto porque el dinero fluye por sus cuentas sin problema alguno.
Sólo hay que ver el gasto que va a acometer José Antonio Griñán, al que a partir de ahora le llamaremos Pepe aunque no se apellide Gotera ni lleve a Otilio en su corte de griñaninis. Porque este Pepe no remienda de viejo, oiga, sino que se ha apuntado a la vieja moda del «haiga» que le dio ese nombre a los coches de lujo en la posguerra. ¿Lámparas para el restaurado Palacio de San Telmo? Las más caras que «haiga». ¿Una cocina para preparar la comida del presidente y de ese séquito que siempre lo acompaña como si fuera un emperador posmoderno? Pues la más ostentosa que «haiga». Puestos a hacer demagogia, ahí va la frase que podrían firmar aquellos abajofirmantes que protestaban por el Prestige y por el Tireless y que ahora están calladitos para no molestar: mientras la despensa de muchos hogares andaluces está vacía, en San Telmo se instala una cocina que cuesta 45.000 euros.
Y es que en Sal Telmo no están acostumbrados al termo, sino a la «telmomix» equipada con los últimos avances tecnológicos, que para eso estamos en la Andalucía imparable de la Tercera Modernización. ¿Cómo van a aviarse estos barandas con una cocina normalita y corrientita? ¿Acaso la crisis va con ellos? ¿Alguien en su sano juicio piensa que van a llevarse la comida en un termo, en una fiambrera o un «tapergüé»?
Los andaluces cuyas cocinas estén en las últimas pueden sentirse orgullosos. Nuestra institución autonómica está a la altura de la dignidad que se merece. Lo demás es demagogia barata impulsada por los carcas que se niegan a reconocer los éxitos de este Griñán, cuya cocina puede echarle un pulso a la de Arguiñano.
Está visto y comprobado que no sirven para vivir en la pobreza. No saben ajustarse el cinturón ni recortar gastos. Han pasado treinta años en la abundancia y eso se nota. La cocina de San Telmomix es sólo un detalle, la punta del iceberg. Las críticas les resbalan. Quien osa meterse con ellos es acusado de facha y de demagogo. No tienen reparos a la hora de derrochar el dinero en sus oropeles. Perdamos la esperanza, como rezaba la sentencia en la puerta del infierno que imaginó Dante. Necesitan una cocina de 45.000 euros para seguir engordando. Este Régimen no se pondrá nunca a dieta.


