El reality de La Sexta, «Mujeres Ricas», ha vuelto con dos nuevas especímenes y más trabajo de montaje. Una vez vistas, echo de menos a las Collado (las Follado, como las llamaba Mariana Nannis, que con su hija forma un magnífico dúo cómico). Veronika Pucci y Natasha Romanov, que sí, que parece que se han inventado los apellidos, aportan bien poco al fantástico muestrario de necedades de teléfono blanco del programa. Sobre todo (y de momento), les falta la gracia de las otras. Veronika, de origen peruano, es una especie de Mariah Carey reoperada que vive en La Moraleja, adora el metacrilato y está casada con un rico siciliano. Natasha está casada con un ruso forrado, tiene helipuerto y quiere ser cantante pero no ha sido llamada por ese camino.
La estirada Natasha ha llamado a Mar Segura «reina de tomates». Y todo por un cartel publicitario de vegetales que llegó a Rusia cuando Mar estaba «más gordica», que diría su madre. Y hasta ahí podíamos llegar. Que no va a venir una rusa a meterse con nuestra idolatrada Mar, la agro-rutilante hembra de la jet set almeriense que tantas frases memorables nos ha dado. Es como Yogi Berra, el beisbolista de sentencias tan absurdas como lógicas. Igual que hay yoguismos, tenemos marismos. Desde su famoso «El arte me persigue» (pero tú eres más rápida) o «Un ‘miró’ no lo puede hacer nadie más que Miró», el diccionario fraseológico de Mar se ha convertido en un must televisivo. Ella lo sabe y se despidió la temporada pasada diciendo: «Yo espero que estas frases sirvan para que la gente sea más feliz». El miércoles tenía un problema porque la revista gay «Oh My God!», ahora que es icono de la cultura popular, le había propuesto un reportaje. A su marido, al que no arrancaba el motor del barco, no le parecía bien. Y ella, encantada, decía a cámara: «Que dentro de mi club de fans esté también el colectivo gay me parece bien». Y sobre aprovechar el momento (y esa gran oportunidad que se le presentaba, según le dijo su amigo el diseñador, como si le hubieran propuesto salir en el «Vogue America»), soltó: «Soy más de verbo que de sustantivo. No me quiero perder el aquí y el ahora». Pues sí que soy más feliz después de escuchar esta frase. Aunque sea por la carcajada momentánea. ¡Más de verbo que de sustantivo! Amárrame los pavos. El diseñador amigo le iba a hacer un traje para los toros. Ella propuso un mono, modelo con el que su paisano Manolo Escobar no tendría problema. Pero lo mejor fue la razón (el marismo): «Se me ha ocurrido un mono para salir un poco de la monotonía». Al diseñador le contaba la discusión que había tenido con su marido por la revista gay: «Tuvimos allí un tándem…». Claro, como eran dos.
Y luego está esa admiración que siente por Olivia Valère, que le ríe las gracias, todo lo contrario que Mariana Nannis, que no le hace ni caso, no va a sus fiestas de sillas forradas para niños pobres y, además, se mofa de ella (de todas). Olivia le enseñaba las fotos de su crucero: «Ésta es la fiesta del caviar». «¿Y el caviar era iraní o ruso?», pregunta Mar. Olivia también le fascina porque vive con su marido y su ex marido. «Se parece a mí porque rompe moldes», va y suelta Mar disfrazada de novia de Willie Fog. El caviar es de Almería.
Y luego está esa admiración que siente por Olivia Valère, que le ríe las gracias, todo lo contrario que Mariana Nannis, que no le hace ni caso, no va a sus fiestas de sillas forradas para niños pobres y, además, se mofa de ella (de todas). Olivia le enseñaba las fotos de su crucero: «Ésta es la fiesta del caviar». «¿Y el caviar era iraní o ruso?», pregunta Mar. Olivia también le fascina porque vive con su marido y su ex marido. «Se parece a mí porque rompe moldes», va y suelta Mar disfrazada de novia de Willie Fog. El caviar es de Almería.



