Práxedis G. Guerrero, mi pueblo, es una localidad de Chihuahua con unos 8.000 habitantes repartidos en pequeños poblados dedicados a la agricultura, apenas a 50 kilómetros de Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del mundo. Desde esta semana soy responsable de la Policía Local, y en la comandancia apenas hay dos cuartos castigados a balazos, un escritorio, una celda, una computadora y una Virgen de Guadalupe para que nos proteja. A mis órdenes están 19 agentes, de los cuales nueve son mujeres.
Los diarios dicen que nadie quería este trabajo y por eso lo acepté, pero no es cierto. Yo asumí este puesto porque me gustó el proyecto que el alcalde puso sobre la mesa para tratar de cambiar el rumbo del municipio. Y, aunque sólo tengo 20 años, creo estar preparada para el cargo, pues estudio Criminología y, sobre todo, tengo voluntad y ganas de servir a mis vecinos.
La decisión no fue fácil, no. A mí me avisaron de que podía ocupar el puesto en septiembre, pero tuvo que pasar un mes para que me decidiera a aceptarlo, tras darle muchas vueltas con los míos. Aquí todos tenemos miedo, claro que sí. El miedo siempre existe, es muy natural. Pero yo no temo sufrir atentados, porque vamos a cambiar el miedo por seguridad. Mi lucha no es contra el narcotráfico, pues ya hay otras corporaciones encargadas de ello, sino evitar los delitos con atención humana, conviviendo con las familias, atendiendo las necesidades y mirando por un mañana para los niños.
El alcalde, José Luis Guerrero, comparte mis ideas y dice que si queremos comenzar a cambiar la situación, lo tenemos que hacer desde abajo. Tenemos que reconocer nuestra debilidad, no podemos con el crimen organizado, así que emplearemos principios y valores en lugar de armas. Por eso me nombró, pues dice que tengo la mente fresca y conozco los problemas de este poblado, y que siempre se busca a gente con experiencia de muchos años en la seguridad publica, pero que si se seguía con ese esquema íbamos a obtener los mismos resultados.
Ahorita, el principal problema es que el presupuesto nos limita muchísimo. No contamos ni con lo básico para trabajar, ni siquiera bicicletas. Los policías hacen su recorrido a pie. Estamos pidiendo donaciones para que nos ayuden con lo que puedan a crear la Policía que tenemos en mente. Mi gente está allá afuera, de puerta en puerta, buscando delincuentes y, donde no los hay, tratando de enseñar valores a las familias. Yo voy a hacer labor social y dar orientación preventiva.
De Práxedis se dice que es un pueblo fantasma: casi la mitad de sus habitantes han huido. Pero yo aquí me voy a quedar y aquí quiero criar a mi pequeña de siete meses. Algunos paisanos dicen que soy una heroína, que me juego el pellejo por ocho mil pesos (460 euros) mensuales, y muchos medios aseguran que soy la mujer más valiente de México. Yo creo que exageran.
TRANSCRITO POR
MANUEL M. CASCANTE, CORRESPONSAL EN MÉXICO


