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Columnas / la alberca

El energúmeno con poder

Cuando se va por la vida de listo y creyéndose el amo de la ciudad, tarde o temprano se topa uno con la Justicia

Día 24/10/2010 - 22.45h
En sus «memorias y desmemorias», Manuel Mantero narra la historia de un personaje siniestro, apodado «El Energúmeno», con el que solía toparse en Madrid. Se trataba de un depravado que hacía ostentación de su odio a los homosexuales. Y en uno de esos aforismos colosales que Mantero ha acuñado, escribe: «Presumía de odiar a los homosexuales, tanto, que yo sospechaba su homosexualidad».
Energúmenos los hay de muchas clases. Aquí en Sevilla cobran casi todos del Ayuntamiento. Pero el peor de todos es aquél que se vanagloria tanto de su poder que te termina dando pena por mindundi. Yo conozco uno, bastante dado a la magnificencia, que esconde tras su porte altanero una debilidad supina. Manda mucho. O eso cree él. Pero es un desgraciado. Sufre aquella tragedia que decía Bergamín: «Me estoy quemando vivo porque vivo quemándome». Este señor ha disfrutado tanto de su poder que se ha terminado achicharrando en la hoguera de sus vanidades. Ha jugado con fuego hasta convertirse en la mecha. Y ahora quiere compasión. Ay, pena, penita, pena. Quien se ha comportado lo mismito que un ciclón cuando su brazo derecho le otorgaba el mando sin peajes, solloza ahora como una paloma el canto de su inocencia. Camino de la Justicia se curan todos los remilgos altivos. Ese vanidoso que alardeó de su poder hasta hacerme pensar que no mandaba un pimiento ha manoseado lo que no es suyo. Y Dios quiera que no haya ido más allá de lo debido, porque no le deseo ningún mal. Pero ya es tiempo de que aprenda que no se puede ir por la vida de listo.
Ese presuntuoso cargo público del que hablo ha tenido una actitud cortijera inasumible para un Ayuntamiento democrático. Es verdad que con su incuestionable inteligencia ha sabido encontrar las palabras idóneas para los oídos de la ciudad, pero esa ojana no puede durar toda la vida. Con esa actitud, el tiempo siempre va en tu contra. Porque a todo hay quien te gane. Siempre se cruza en tu camino alguien más listo y más poderoso. Un juez, por ejemplo. Con un simple auto se puede desmontar todo el chiringuito. Luego dios dirá. A lo mejor vienen los reyes magos con la exculpación en la saca, ojalá, pero a los representantes públicos no les basta con ser honrados. También tienen que parecerlo. Y un embaucador que embotella el agua del grifo, viaja en jets privados de lujo para supuestos asuntos municipales, pasa la visa de dirección en las marisquerías y presume de dirigir la ciudad a la sombra no puede permitirse, encima, estar inculpado en un tejemaneje perseguido por la Justicia. Paco de Lucía dijo que, para tocar la guitarra, la izquierda piensa y la derecha ejecuta. Y ya sabemos quién es el «brazo derecho» del alcalde.
Escribe Mantero, por cierto, cómo contestó a su descripción aquel energúmeno de Madrid: «Se cagó en mi árbol genealógico». Qué coincidencia.
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