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Columnas / la tribu

La gente buena

En cualquier sitio hay puñados de voluntarios que diariamente se entregan a los demás

Día 16/12/2010 - 20.41h
Hay buena gente en el mundo, Cangui, mucha buena gente que no conocemos porque la mayoría no está agrupada ni uniformada, ni va de santa por el mundo ni pidiendo que los demás lo seamos. Hay gente incapaz de jurar voto de castidad, porque ha elegido un camino donde la carne es un complemento que le da cuerpo al amor, o cuerpo al placer, o cuerpo a la compañía, pero entre esa gente hay mucha que, sin renegar de su condición, se deja la sangre por los otros, se desangra de amor por el prójimo, o se ofrece a donar algo suyo —muerto o en vida— para que otro semejante pueda vivir mejor y aun salvarse. Hay gente que sería incapaz de jurar voto de obediencia, porque necesita responder, porque no acepta —por más razonado que esté— el ordeno y mando, o porque su carácter le impide ser obediente en todo, pero entre esa gente, entre esos «desobedientes», hay personas que no pueden quedarse en casa, ni cruzadas de brazos, ni distraídas o embebidas en aficiones o placeres, si saben que hay otra gente necesitada que pide en silencio que obedezcamos al que nos señala el camino de la solidaridad, el desprendimiento, la generosidad, el amor, el cariño de la palabra o del tacto. Hay gente que no ha jurado ni piensa jurar voto de pobreza, porque es incapaz de renunciar a la vida de mayor o menor lujo que ha forjado o que le ha tocado en suerte por herencia o por otras circunstancias, pero entre esa gente los hay que con llamar a su puerta, con hablarles bajito contándoles un problema, con sentir aunque sea desde lejos la campana del agobio, se matan por abrirle un agujero a su bolsillo, y dos, y, a veces, más de tres, muchas.
Decimos, con cierta alegría en la frase, que en el mundo hay mucha mala gente, y no digo que no la haya, pero si a la buena gente la uniformáramos, Cangui, si a la buena gente la vistiéramos de un solo color, nos asombraríamos y muchos seguiríamos su ejemplo, extrañados de que haya tanta. Porque la hay, Cangui, la hay. En cualquier sitio hay puñados de voluntarios que diariamente se entregan a los demás, que diariamente van a dar calor, compañía, palabra, cariño a mucha gente que está necesitada de esa gran medicina del afecto. En cualquier sitio rascas un poco y te encuentras a personas que pudieran tener una vida sin complicaciones y se la complican metiéndose hasta el cuello —para ayudar— en los problemas del prójimo, en el nombre de Dios o de su propia conciencia, que igual me vale, si es entrega. Hay muy buena gente en el mundo, Cangui. Mira si hay, que la mala no puede acabar con ella.
barbeito@abc.es
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