Puede ocurrir que esta noche al Madrid le salga un partido de los suyos y acabe con los ánimos sevillistas para tener alguna esperanza en la vuelta. Es posible, porque el Madrid tiene gente capaz de ganar en cualquier sitio, en cualquier momento, incluso con todo en contra. Y si ese Madrid sale y arrasa, está claro que toda la campaña de futbolistas pasándose las manos por la cara y el cuerpo con pintura blanquirroja puede acabar en imagen de camerino de triste payaso que llora ante el espejo tras una función de fracaso. Con eso cuentan quienes han diseñado esta campaña para un partido —o para los dos, ida y vuelta— que es vital para el Sevilla, sobre todo. Y saben que todas esa imagen de Romaric cruzándose en bandolera la pintura blanca por su torso, como el zarpazo de una pantera negra con uñas de cal, puede resultar de mofa de los contrarios —de todos los contrarios, y no sólo madridistas— por haber roneado de guerrero de indoblegable cabeza y caer a manos del rival. Pero imaginemos que el Sevilla sale, juega y gana. Entonces, ¿quién negará el acierto de la campaña?
El Sevilla de José María Del Nido es un Sevilla distinto a todos los conocidos antes de que el actual presidente llegara al palco del Sánchez-Pizjuán. Podremos señalarle defectos en algunas gestiones, sobre todo en fichajes millonarios que resultaron sonados y costosísimos fracasos, pero hay algo que los sevillistas agradecemos, empuje el viento de donde empuje: la valentía, el coraje, el tirar siempre para adelante, salir sin complejos, hablar sin complejos, huir de la vocecita lastimera —que no humilde— que sale ya vestida de derrota antes de jugar nada. Podemos decir que algunas campañas y algunas frases han resultado chulescas, fanfarronas, incluso innecesarias para la mesuras al uso, pero qué duda cabe de que esa estrategia de valientes, de gente entregada «hasta la muerte» por un nombre, unos colores y un escudo, ha dado muy buenos resultados. No es lo mismo salir al campo dándolo todo por perdido que salir con el ánimo insuflado por un presidente que, junto a algunos de sus capitanes, se juega la cabeza antes de agacharla. Veo las imágenes de ese vídeo sevillistas y sé que esta noche pueden volverse en contra. Pero al menos hasta esta noche, no sólo el Madrid, toda España, estará pendiente del reto sevillista. Vestirse de miedo es jugarse el desnudo en la calle. Y eso lo sabe Del Nido. Ganará o no el Sevilla, pero hasta entonces, el ánimo es de victoria. Y creer en la victoria es el primer requisito para ganar.


