Columnas

Columnas / no do

Correr es de cobardes

Es una pena que Alfredito Buena Gente tenga que colaborar con la Justicia después de doce años de mandarinato

Día 24/02/2011 - 23.28h

En Sevilla hay embusteros y liantes, expertos en la trola que llegan a ser trapalones si ejercen el oficio con dedicación. Sevilla es una ciudad de medias distancias y de medias verónicas donde se usan las medias verdades para no caer en la patraña ni en la falacia. Si la cima era la mentira, de un tiempo a esta parte el Olimpo de los mentirosos luce un cartel así de grande donde aparece la frase que más repiten los expertos en el engaño: «Colaboramos con la Justicia». Como si un dirigente político pudiera hacer otra cosa. Como si fuera posible decir lo contrario. Y lo más sangrante: como si esa colaboración les saliera de dentro y no fuera una obligación a la que se someten por la fuerza de los hechos… y de los cohechos.

Uno de los especialistas más avezados a la hora de manejar esa consigna es el todavía alcalde de Sevilla. Es una pena que Alfredito Buena Gente —esta definición de su bondad es marca de la casa, o sea, de él mismo— tenga que colaborar con la Justicia después de doce años de mandarinato. Habría sido mejor que no hubiera colocado al frente del Distrito Macarena a un individuo encarcelado por trucar las cuentas. O que no hubiera elegido como mano derecha a quien ordenó el reparto de bolsas de dinero negro en Los Bermejales. O que hubiera mirado con lupa los ERE y las ventas de suelo de Mercasevilla, que por si alguien lo ignora todavía, es una sociedad presidida por el señor Sánchez Monteseirín.

Si esto no fuera suficiente para que la ciudad le abra el postigo trasero y lo invite a marcharse por donde vino, el alcalde Sánchez se niega a colaborar con la Justicia de una forma flagrante y redundante. Cuando lo llaman a declarar por el escándalo de Sevilla Global, don Alfredo coge las de Villadiego y se planta en Baeza para asistir a un acto relacionado con las ciudades machadianas. Como si él hubiera practicado alguna vez la austeridad de don Antonio, el poeta que podría reescribir ahora sus versos en esta Sevilla que este alcalde ha dividido en progres y fachas: «Sevillanito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Porque en uno de los ERES / te darán jubilación».

Cuando llegó, lo primero que hizo el alcalde de las facturas duplicadas fue subirse el sueldo. En su despedida está dejando un rastro que termina en los juzgados que no se atreve a pisar por el miedo al qué dirán, al qué declararán y al qué sentenciarán. Su falta de gallardía es más que evidente. A su alrededor, imputados por un tubo. Imputados por los que no da la cara. Cuando lo llaman del juzgado se va a Baeza, que en Casa Juanito se come divinamente aunque don Alfredo no siga el precepto machadiano: «Con mi dinero pago / el pan que me alimenta / y el lecho donde yago». Ya lo dijo Rogelio Sosa en una frase memorable: correr es de cobardes. ¿Un alcalde valiente? Será al revés. ¡Valiente alcalde!

Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
Lo ?ltimo...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.