Columnas

Columnas

Reír con Japón

Día 19/03/2011

La Warner ha retirado «Más allá de la vida» de los cines de Japón, como si en Japón estuvieran para ir al cine. Bueno, echando mano de la vía escapista de Mia Farrow en «La rosa púrpura del Cairo», sí. Pero no van a ir para ver el tsunamique abre la película de Clint Eastwood. Ni tampoco para ver «Terremoto». Y mucho menos para disfrutar de cualquier filme de Godzilla, que sería la siguiente etapa cinematográfica en la sucesión de catástrofes niponas (el legendario monstruo tenía origen radiactivo, era un producto de pruebas atómicas en la isla Odo). Lo que está claro es que esta temporada no sería muy favorable a que Karmele Marchante cantara (?) «Soy un tsunami». No está el reactor para bollos.

D Pero las tragedias, lejanas o cercanas, provocan también que se desborde el sentido del humor. Aunque la risa se sustituya por estupor. Y ya se sabe, como diría Malcolm Muggeridge, que «buen gusto y humor son términos contradictorios, como puta y castidad». En el muy recomendable libro «Una risa nueva» (nausícaä), Jordi Costa reflexiona sobre el post humor en la nueva comedia americana. En el ensayo titulado «El chiste sucio que salvó a la humanidad», recuerda cuando Gilbert Gottfried, en una reunión de cómicos (el «roast» en el Friar’s Club de Nueva York), contó uno sobre el 11-S tres semanas después del 11-S: «Tengo que coger un vuelo a Los Ángeles esta misma tarde, pero estoy un poco preocupado porque me han dicho que hace escala en el Empire State». «Demasiado pronto», gritó alguien. La cosa terminó bien porque Gottfried salió del paso contando «El chiste más sucio de todos los tiempos», también llamado «Los Aristócratas», dando una lección sobre el efecto catártico de la

obscenidad. También recuerda Costa que la humorista Sarah Silverman no respetó demasiado el luto en sus monólogos: «Ser el primero es importante… Si los de American Airlines fueran listos, su eslogan a partir de ahora debería ser: American Airlines, los primeros en impactar contra las Torres».

D Todo esto viene a cuento de los chistes sobre Japón. Los hay. Eso sí, escondidos tras el anonimato de internet. Unas muestras. «¿Quién vive en la piña debajo del mar? Si-no-su-ke». Sinosuke es el nombre de Shin Chan, el niño de los dibujos animados japoneses. Otro. «¿Por qué a los japoneses les cuesta pagar el recibo de la luz? Porque van con el agua al cuello». La víctima como objeto y fuente del chiste. Por supuesto, no hace falta que la tragedia sea lejana para hacer chistes (balsámicos o no). Irene Villa, en su libro «Saber que se puede», recuerda los que se contaron sobre ella: «Y es que, como dice uno de los numerosos chistes inspirados en mí, lo único que no hago en el agua es pie. Aunque prefiero el que me describe como la mujer explosiva». Seguro que si entonces hubiera existido Twitter habría habido un «irenevillafacts». En cualquier red social se tocan los «eggs» y los tabúes. También lo risible. Ana Pastor, la estrella de la semana, tiene sus hechos: «Cuando los payasos

de la tele preguntaban ¿Cómo están ustedes?, Ana Pastor les replicaba: No. ¿Cómo estáis vosotros?» (fuialosbosques). Y por supuesto, se acaba llegando a Japón, con la periodista a lo Chuck Norris (padre de los «facts»): «Ana Pastor le ha dicho a Richter que ya está bien la broma. No ha habido más réplicas» (barbijaputa). Es posible que el buen gusto y los chistes sobre Japón sean incompatibles. Pero también que, digas lo que digas, alguien se molesta. La diferencia está en la cantidad de gente molesta.

MADRID

Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
Lo ?ltimo...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.