Visibles son tres. La primera que está tratando de resolver será la que ocupe el segundo lugar en el orden de aparición, aunque no en importancia, porque aunque no lo confiese, su pasión más íntima está en esa segunda papeleta, en lo que pueda convertirse un colorido rectángulo de papel. Esa papeleta lleva ya rondándola varios días, y ha llamado ya a varios amigos a ver cómo se la consiguen, justo la que él quiere, y si eso no fuera posible, lo más parecido a lo que desea. No quiere faltar tampoco este año, que son ya muchas primaveras las que lleva acostumbrado a un sitio, a unas gentes, a un rito. Por eso habla con unos y con otros y llama a quien sea a ver si por casualidad ese alguien puede o sabe de alguien que puede hablar con quien se la consiga. Sagrada entrada para tal tarde, con tal ganado, tal terna. Y que no llueva, y que el viento se quede quieto y las banderas se queden pegadas al asta como paraguas liados. La primera papeleta que busca es una entrada para los toros, para una tarde que no siempre cae en farolillos sino donde caen los toreros de su gusto. Acabará encontrándola, como siempre, y la guardará como un billete que sólo a las ocho y media se sabrá si valió lo que costó.
La otra papeleta está más segura, porque es una papeleta para un sitio que tiene ganado desde que empezó a salir de nazareno en su cofradía, un sitio en el que tampoco ha faltado nunca, aunque la tarde se viniera fea, ventosa y aun con algunas gotas que amenazaban lluvia, o aunque se achicharrara bajo el antifaz frente al sol de la tarde, si la tarde empezó a bajar como si quisiera enfriarse en la plata de los ciriales y los varales y cuasi le despintó el negro que se convierte en efímera mascarilla de promesa. Esa papeleta la tiene segura, pero habrá de ir a buscarla, un día a una hora, y sabrá, cuando la noche del Martes le haya enfriado la cara a la luna y él agradezca el abrigo de la túnica, que valió la pena otra vez —¿cuántos años ya?—, aunque nadie sepa que la valió.
La tercera papeleta la tiene más difícil, aunque más cercana, más a la mano. Digo más difícil porque anda ahí el hombre que no sabe en qué casilla meter la mano, por qué cartel apostar, a quiénes dejarles su confianza, en quiénes fiarlo todo. Esta papeleta irá a buscarla por mayo, cuando las urnas aguarden su decisión como un incierto y desesperado buzón de Correos. La cuarta papeleta, invisible, no tiene que ir a buscarla, vendrá a él: es saber cómo, tras la Semana Santa, los toros y las elecciones, resuelve la papeleta de su futuro.
La tribu | El blog de Antonio García Barbeito en ABC de Sevilla
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