Sobre los canastos de los pasos que nuestras cofradías ponen en la calle se escenifican escenas de la Pasión de Dios, que siendo Hombre, sufrió para ejemplo de nosotros pues principalmente es el dolor el que permite al ser humano llegar a madurar en su propia personalidad. En la historia que narran están representados los grandes, horribles y abyectos personajes que hicieron de ejecutores en la mayor ignominia que conocieron los tiempos. No faltan los agentes de un poder puesto al servicio de la maldad, del odio y del resentimiento, de la cobardía llevada a grado sumo. Herodes, Caifás, Pilatos, son figuras que Sevilla saca a sus calles siendo destinatarios de la atención de las gentes.
Anás, sin embargo, queda eclipsado por la efigie de un sayón que representa como ninguna otra al desquiciado y necio botarate que en su estupidez se suma al linchamiento injusto e innecesario para él, en busca de una importancia que no tuvo ni tendrá nunca en su vida.
No es la convergencia de circunstancias específicas e ineludibles lo que le ponen a los pies de los caballos en historia a la vez cruel y edificante sino el voluntarismo para ponerse en primera fila aunque sea a costa de ser el peor y más indigno de los que han sobresalido.
Hay quienes con tal de salir en la foto no dudan en ser abofeteadores de Cristo. ¿Qué harán con los demás, si pueden?



