Dulce Jesús bueno, como le gustaba decir a mi abuela. Ella me pidió, el 8 de diciembre, que le rezara a tu Madre, «con unción», decía, a la Inmaculada que está al costado del coro, la que todo el mundo en general conoce por «La Cieguecita». Antes de bailar y cantar en el altar mayor, me pasé por allí y le dije las cosas que mi abuela me había encargado y algunas más de mi cosecha. Ella ya no está con nosotros, Jesús. Yo creo que estará, como deseaba, con la Cieguecita. Ya no me necesita para enviarle los recados. Un seise sin abuela es menos seise. Pero aquí estoy, ante tu Cuerpo Sacramentado, intentando poner en pie lo que hoy me hubiera encomendado que te dijera.
Lo primero, como mi abuela querría, te pido por los cuerpos de los niños que no han llegado a nacer desde entonces, porque los hombres no les han dejado. Y también por los de los niños que han sido y son víctimas de malos tratos. Te pido por el cuerpo de Marta. Si ya no vive, que los padres puedan enterrarlo como Dios manda. Y por los de tantos desaparecidos de quienes no sabemos qué ha sido de sus cuerpos. Ahora que celebramos la festividad de tu Cuerpo, me desconsuela más preguntarme si los suyos gozarán o no de la luz de cada mañana, que, según decía mi abuela, es lo mejor que tenemos.
Y también te pido por los cuerpos destrozados en las guerras, como los de esos soldados españoles que han perdido las piernas en un atentado. Te pido, Dios mío, que protejas los cuerpos de todos los que luchan por un mundo mejor. Esto también lo decía mi abuela.
En casa, mi padre sigue parado, y te pensaba pedir, como a la Virgen, por que encontrara trabajo. Pero últimamente ha surgido otro problema mayor. No se lleva bien con mi madre, y están pensando en separarse. Casi todos mis amigos han pasado por ahí. Yo les veo sufrir por eso. En mi pandilla sólo quedaba yo, y, como me temía, también a mí me toca. Si puedes hacer el milagro —claro que puedes— hazlo, Jesús, aunque sea por lo que me enseñaron cuando iba a hacer la Primera Comunión. ¡Parecían entonces tan unidos mis padres!
Bueno, tengo que ir a vestirme de seise. Dentro de un rato estaré de nuevo aquí, para cantarte y danzar ante ti. Espero hacerlo bien. No sólo me estarás viendo Tú, sino mi abuela.
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