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Hasta los huevos

Día 02/07/2011 - 23.43h

Hasta los huevos, sí, hasta los huevos. Hasta los huevos de águila imperial están inmersos en esa oscura red de ayudas e intereses que conforma la administración andaluza. Ahora resulta que la tortilla de las subvenciones se cocinaba con huevos de 20.000 euros la pieza: quién iba a imaginar que el largo brazo de la mamela y el mangoneo estaba tocando ya los huevos. Literalmente.

La estafa de la cría en cautividad de las águilas, que se ha tragado la nada despreciable cantidad de diez millones de euros en la última década, simboliza a la perfección lo que es Andalucía, una economía en peligro de extinción que se intenta mantener con unas subvenciones públicas que sólo sirven para que unos cuantos listos se lo lleven calentito. Con las generosas ayudas que la Junta otorgaba para la cría del águila ocurría lo mismo que con los miles de millones que se dedican al fomento del empleo: la lluvia de euros no sirve para crear trabajo, sino para financiar el negocio que se monta entorno al fomento del empleo. A pesar de las ayudas recibidas, los criadores de águilas no incorporaban más aves al ecosistema, igual que los onerosos cursos de formación que paga la Junta de Andalucía no logran incorporar trabajadores al mercado laboral.

La gran paradoja es que el fracaso de este sistema se convierte en el éxito que garantiza su supervivencia. Para que la Junta siga financiando todo el dispositivo creado para la reintroducción del águila imperial en los montes andaluces, del que vive mucha gente, es necesario que el águila imperial no se reintroduzca en los montes andaluces y siga en peligro de extinción. Con un millón de euros a repartir, no es extraño que los criadores cogieran huevos de los nidos del medio natural y los hiciesen pasar por criados en el centro de la Junta.

El problema de fondo es que esta corrupción, igual que los ERE de la Consejería de Empleo o las obras sin realizar en Educación, surge cuando se padece una economía improductiva y basada en el sector público y la ayuda oficial. Cuando la subvención deja de ser un instrumento para convertirse en un objetivo, el fracaso del sistema es inevitable. El águila imperial nunca se reintroducirá porque no interesa, y el personal de la Junta seguirá tocando los huevos. Que eso, hay que admitirlo, saben hacerlo muy bien.

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