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El Cid derrochador

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¿Cómo es posible que un alcalde saliente firme acuerdos millonarios con empresas que le han hecho más de un favor?

Día 19/07/2011 - 22.45h

Al igual que el Cid ganaba las batallas después de haber entregado su alma a Dios, el alcalde que los sevillanos padecieron durante doce años sigue haciendo de las suyas tras haber salido del Ayuntamiento por la puerta trasera. Causa indignación, aunque de estos asuntos no se ocupen los indignados que durmieron bajo las setas venenosas de la Encarnación, el acuerdo que el todavía alcalde firmó con Sacyr para que los sevillanos pagaran a escote la penúltima campañita de propaganda que se hizo Alfredito Buena Gente a costa del contribuyente. Anunció a bombo y platillo que los sevillanos subirían gratis al mirador que democratiza las vistas de Sevilla, pero ocultó bajo la manga del mangazo colectivo que esa demagógica medida tenía un coste que apoquinarían a través de los impuestos. ¿A qué esperan las instancias correspondientes para meterle mano por publicidad engañosa?

Que Monteseirín era un virtuoso del derroche ya lo sabíamos. Pero en nuestra infinita buena fe, vulgo inocencia, ignorábamos que estuviera dispuesto a hipotecar el futuro del Ayuntamiento que le dio cobijo político y profesional durante doce años. Los últimos días de Monteseirín podría ser el título de un reportaje que analizara la traición que le ha hecho este alcalde perdedor a la ciudad que ha dejado empantanada, endeudada, prisionera de una forma de ejercer el poder que ha ido más allá del uso y del abuso hasta degenerar en unos acuerdos firmados a última hora, sin luz ni taquígrafos, y saltándose las más mínimas normas de la ética y de la decencia.

¿Cómo es posible que un alcalde saliente firme acuerdos millonarios con empresas que le han hecho más de un favor? ¿A cambio de qué firmó esos contratos en plena campaña electoral, o incluso después de haber perdido las elecciones de una forma tan rotunda y sin contar con la legitimidad expresada en las urnas por el pueblo al que ha traicionado hasta el último instante? ¿Cómo se explica esa actitud que provocaría la vergüenza política en cualquier dirigente que mantuviera un mínimo de pudor? Estas preguntas tienen una respuesta: esto no puede quedar así. En aras de la decencia política y democrática no podemos permitir que se lleven a cabo estos enjuagues y que el culpable de perpetrar semejantes abusos se vaya de rositas con cara de no haber roto un plato. Y para más inri, que encuentre acogida en la Consejería de Salud como asesor para librarse de trabajar como todo el mundo.

¿Qué consejos le dará el doctor Sánchez a la consejera Montero cuando despache con ella? Aquí entra de lleno la guasa de doble filo que nos sirve, al menos, para desahogarnos ante las barbaridades cometidas por este Cid derrochador que sigue generando escándalos después de haber sido clamorosamente derrotado. Es posible que el doctor Sánchez se encargue de ilustrar a la consejera Montero sobre el método más efectivo para duplicar las recetas…

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