La segunda fase de la escuela de verano de Cruz Roja Juventud comienza con 80 menores
Alrededor de 80 menores y una treintena de voluntarios participan desde hoy y durante todo el mes de agosto en la segunda fase de la Escuela de Verano promovida un año más por Cruz Roja Juventud y que tiene lugar en la sede de la institución humanitaria.
De cara a las próximas semanas, el voluntariado de la entidad ha preparado una gran variedad de talleres para dinamizar las mañanas de los pequeños, que van desde manualidades hasta expresión corporal, pasando por pintacaras, hábitos saludables o medio ambiente y diferentes excursiones, enmarcadas todas estas actividades en unos objetivos de desarrollo personal y de adquisición de habilidades sociales a través de actividades lúdicas.
«Bawana» es el título este año de una Escuela de Verano en la que tomarán parte, entre otros, menores acogidos en distintos centros de la ciudad, así como hijos e hijas de familias refugiadas afincadas en la capital. El término significa "continente" en javanés, por lo que los niños y niñas serán organizados por grupos con nombres de continentes y habrán de investigar en torno a ellos.
Con un horario que comprende de lunes a jueves entre las 10.30 y las 14 h, el programa de actividades contemplado por Cruz Roja Juventud incluye también un tiempo cada día para refuerzo escolar. De igual modo, el voluntariado de la entidad ofrece un tentempié a media mañana a los alrededor de 80 pequeños que cada semana asisten a la escuela.
Esta iniciativa, dirigida fundamentalmente a infancia en situación de vulnerabilidad con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años, ya se llevó a cabo durante el pasado mes de julio con otros 120 menores en las dependencias del colegio público Guillermo Romero.
La escuela estival se enmarca y dota de continuidad al programa de actuaciones que la organización pone en marcha durante el curso escolar a través de sus proyectos de «Promoción del éxito escolar en menores en riesgo de exclusión social» y de «Ocio y tiempo libre».
Hay que recordar que las situaciones de pobreza y exclusión que sufren muchas familias redundan de manera especial en los niños y niñas que tienen a su cargo, ya que cada vez son más frecuentes los casos de familias que no son capaces de afrontar los gastos derivados de la escolaridad, y esto incide directamente en el sentimiento de pertenencia de los menores a la escuela y, por tanto, en su rendimiento académico.