El fútbol moviliza masas y despierta sentimientos de toda índole en la mayor parte del planeta, pero en algunos países se vive de una forma verdaderamente especial. Este es el caso de Argentina, y más en este Mundial de Brasil. Los argentinos están ávidos de triunfos a nivel de selección. Desde que lograron alzar la Copa América de 1993, la «albiceleste» no ha vuelto a conseguir un torneo que haga honor a su gran historia futbolística.
Tanto afición como equipo se encuentran extramotivados para este torneo. La felicidad que generaría proclamarse campeón del Mundo en Brasiltras 28 años de lágrimas interminables (última vez que alzó el trofeo mundial) podría resarcir todos los lamentos anteriores. Parece haberse juntado el hambre con las ganas de comer. Y ese apetito, en Brasil, máximo rival histórico de los albicelestes, parece que sólo se puede satisfacer alzando el trofeo dorado.
Con el propósito de saciarlo y lograr tal hazaña, cerca de 100.000 aficionados del combinado comandado por Lionel Messi, según estimaciones de la policía brasileña, han invadido las calles de Brasilia, ciudad donde se disputará el próximo sábado el trascendental choque de cuartos frente a Bélgica (18:00 horas, Gol TV), para animar a su selección.
Por este motivo, vistos los antecedentes de un grupo reducido pero extremadamente ruidoso de aficionados «albicelestes», los conocidos como «barras bravas», las fuerzas policiales han optado por extremar las medidas de seguridad tanto en las carreteras que dan acceso a la ciudad como en el aeropuerto de la capital brasileña.
Recordemos que antes del inicio del Mundial, para facilitar la identificación de los hinchas más radicales, las autoridades argentinas ofrecieron una «lista negra» a sus homólogos brasileñospara que frenaran su llegada al país vecino. Hasta ahora, se ha impedido la entrada de 39 «barras bravas» y se ha deportado a otros dos.







