Miguel C.D., ayer a su entrada a los Juzgados de Sevilla / DÍAZ JAPÓN
Actualizado Miércoles, 18-03-09 a las 16:32
A todos hoy, un día después del vuelco radical que ha imprimido Miguel C.D., de 19 años, a la investigación del «caso Marta del Castillo», nos surgen una decena de interrogantes: ¿dónde se puede buscar el cadáver y hasta qué punto se podrá encontrar, con miles de toneladas de basura acumuladas en estos 51 días de búsqueda del cuerpo en el río? ¿por qué Miguel llega el mismo día que se va a decidir en la Delegación del Gobierno en Andalucía si se debe proseguir o no con el despliegue de efectivos en las fangosas aguas del Guadalquivir y cambia su versión para asegurar que mintió y que no arrojaron el cuerpo al río? ¿por qué mintió al decir que la golpeó con un cenicero y ahora dice que fue «El Cuco» -apodo del menor de los implicados en el crimen, Javier, de 15 años- quien perpetró el homicidio? ¿por qué dice que el menor la estranguló, pero que hubo un golpe al rostro de Marta por el que sangró?
Decenas de preguntas abiertas que debe esclarecer la investigación policial, pero que, como resume para ABC.esJosé Valero, coordinador del Grupo Penal del Colegio de Abogados de Madrid, «las versiones de Miguel no influyen en la acusación definitiva, que no se sustenta sólo en sus palabras, porque él se puede acoger a sus derechos de no declarar», e incluso, de no decir la verdad, pero las «diligencias previas de la fase de instrucción» determinarán la veracidad o no de lo que esgrime. «Puede ser una estrategia defensiva clara», añade este abogado penalista.
La versión más rentable para los amigos Miguel y Samuel (mayores de edad) y «El Cuco» es inculpar a este último, que por la actual Ley de Menor pasaría en un centro de internamiento hasta los 18 años. Entonces, su medida de internamiento en un centro de menores sería revisada y el juez debería decidir si cumple el resto de su condena entre rejas o no. «La excepción es que cumplan íntegra la pena, y que el juez decida que pase a prisión», dicen los expertos consultados por este periódico. Un ejemplo que encontramos en este caso es la medida impuesta a «El Rafi», de 14 años, encontrado culpable de la muerte, quemada, violada y atropellada, de Sandra Palo, en Madrid. Para indignación de toda la familia, «El Rafi» pasó cuatro años en el centro de menores Renasco y salió a la calle para estar tres años más en régimen de libertad vigilada.
Según David Guinea, profesor de Derecho Civil de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, si se demostrase que Javier es el homicida o asesino, «dado que Javier tiene 15 años de edad, se le puede imponer una medida de internamiento en régimen cerrado de uno a cinco años de duración, complementada en su caso por otra medida de libertad vigilada de hasta tres años. Tiene 15 años, así que a los veinte sería excarcelado y pasaría a libertad vigilada por tres años».
«Pruebas científicas irrefutables» contra el asesino de MartaSin embargo, la investigación y los indicios recabados hasta el momento pueden llevar al traste las nuevas explicaciones del ex novio de la joven sevillana, puesto que hay piezas en su nuevo puzzle que no encajan, a pesar de haber demostrado que está muy bien asesorado por su abogado. Sorprendentemente, Miguel llegó a testificar este lunes 16 de marzo ante el juez, después de haberlo hecho hace dos semanas, y confiesa espontáneamente que su rol troca de «asesino confeso» a «cómplice» de su amigo Javier. Dice que la tiraron en un vertedero y que ya estaba muerta, algo que no pudo especificar el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, Enrique Álvarez Riestra, cuando compareció ante los medios para indicar que «la Policía tiene pruebas científicas irrefutables contra el asesino de Marta del Castillo Casanueva».
En ese abanico de pruebas, se contaría la sangre encontrada en la chaqueta de Miguel, que se atribuyó al hecho de haberse guardado el arma del asesinato -un cenicero que se ha buscado en el río, según su primera versión, pero que ahora abre una nueva incógnita- después de golpearla con fuerza en la sién. La sangre pertenece, en cantidad, a una zona concreta del cuerpo de Marta, que podría refutar las palabras de Miguel ante el juez cuando ha comentado que «El Cuco» la estranguló y la sangre proviene de un corte con una navaja dado a la joven en un forcejeo entre los dos menores. La Policía también encontró restos de sangre en la casa de la calle León XIII donde Miguel confesó en principio haber matado a Marta, y de nuevo, estas muestras servirían para colegir que Miguel, ahora, «miente».
La pregunta genérica que se hace todo el que, como los medios de comunicación, está contando los días sin Marta del Castillo es a quién encubren unos y otros implicados en el crimen, o si intentan tapar en vano sus responsabilidades penales en este caso, el más mediático de los sucesos actuales en España, tras el de la niña malagueña Mari Luz Cortés.
Decenas de preguntas abiertas que debe esclarecer la investigación policial, pero que, como resume para ABC.esJosé Valero, coordinador del Grupo Penal del Colegio de Abogados de Madrid, «las versiones de Miguel no influyen en la acusación definitiva, que no se sustenta sólo en sus palabras, porque él se puede acoger a sus derechos de no declarar», e incluso, de no decir la verdad, pero las «diligencias previas de la fase de instrucción» determinarán la veracidad o no de lo que esgrime. «Puede ser una estrategia defensiva clara», añade este abogado penalista.
La versión más rentable para los amigos Miguel y Samuel (mayores de edad) y «El Cuco» es inculpar a este último, que por la actual Ley de Menor pasaría en un centro de internamiento hasta los 18 años. Entonces, su medida de internamiento en un centro de menores sería revisada y el juez debería decidir si cumple el resto de su condena entre rejas o no. «La excepción es que cumplan íntegra la pena, y que el juez decida que pase a prisión», dicen los expertos consultados por este periódico. Un ejemplo que encontramos en este caso es la medida impuesta a «El Rafi», de 14 años, encontrado culpable de la muerte, quemada, violada y atropellada, de Sandra Palo, en Madrid. Para indignación de toda la familia, «El Rafi» pasó cuatro años en el centro de menores Renasco y salió a la calle para estar tres años más en régimen de libertad vigilada.
Según David Guinea, profesor de Derecho Civil de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, si se demostrase que Javier es el homicida o asesino, «dado que Javier tiene 15 años de edad, se le puede imponer una medida de internamiento en régimen cerrado de uno a cinco años de duración, complementada en su caso por otra medida de libertad vigilada de hasta tres años. Tiene 15 años, así que a los veinte sería excarcelado y pasaría a libertad vigilada por tres años».
Habría una salvedad y es que «según el artículo 14 de la Ley Orgánica 5/2000 reguladora de la responsabilidad penal de los menores cuando el menor al que se haya condenado alcance la mayoría de edad, continuará el cumplimiento de la medida hasta alcanzar los objetivos propuestos en la sentencia en que se le impuso. Pero si se trata de una medida de internamiento en régimen cerrado, como es el caso, y el menor alcanza la edad de 18 años sin haber finalizado su cumplimiento, el juez de Menores (oído el Ministerio Fiscal, el letrado del menor, el equipo técnico y la entidad pública de protección o reforma de menores) podrá ordenar su cumplimiento en un centro penitenciario conforme al régimen general previsto en la Ley Orgánica General Penitenciaria si la conducta de la persona internada no responde a los objetivos propuestos en la sentencia», explica Guinea.
De momento, el joven se ha desentendido de las acusaciones de Miguel C.D. y ha preferido ratificar su versión de que apoyaron el traslado del cuerpo, después de que Miguel la matase. Pero si variase su declaración y la Policía y el juez de Instrucción número 4 de Sevilla confirmasen ese testimonio y le creyesen, entonces Miguel lograría reducir su pena considerablemente, pasando de estar entre rejas por una condena mayor durante 15 a 20 años (en caso de asesinato probado) o 10 a 15 años (según el artículo 138 del Código Penal) a una condena por complicidad. Entonces, en base a los artículos 63 y 64 del Código Penal, explica José Valero, las penas pasarían a ser de 7,5 años y 1 día a 15 años (en caso de asesinato) y de 5 años y 1 día a 10 años, en el caso de homicidio. «Pruebas científicas irrefutables» contra el asesino de MartaSin embargo, la investigación y los indicios recabados hasta el momento pueden llevar al traste las nuevas explicaciones del ex novio de la joven sevillana, puesto que hay piezas en su nuevo puzzle que no encajan, a pesar de haber demostrado que está muy bien asesorado por su abogado. Sorprendentemente, Miguel llegó a testificar este lunes 16 de marzo ante el juez, después de haberlo hecho hace dos semanas, y confiesa espontáneamente que su rol troca de «asesino confeso» a «cómplice» de su amigo Javier. Dice que la tiraron en un vertedero y que ya estaba muerta, algo que no pudo especificar el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, Enrique Álvarez Riestra, cuando compareció ante los medios para indicar que «la Policía tiene pruebas científicas irrefutables contra el asesino de Marta del Castillo Casanueva».
En ese abanico de pruebas, se contaría la sangre encontrada en la chaqueta de Miguel, que se atribuyó al hecho de haberse guardado el arma del asesinato -un cenicero que se ha buscado en el río, según su primera versión, pero que ahora abre una nueva incógnita- después de golpearla con fuerza en la sién. La sangre pertenece, en cantidad, a una zona concreta del cuerpo de Marta, que podría refutar las palabras de Miguel ante el juez cuando ha comentado que «El Cuco» la estranguló y la sangre proviene de un corte con una navaja dado a la joven en un forcejeo entre los dos menores. La Policía también encontró restos de sangre en la casa de la calle León XIII donde Miguel confesó en principio haber matado a Marta, y de nuevo, estas muestras servirían para colegir que Miguel, ahora, «miente».
La pregunta genérica que se hace todo el que, como los medios de comunicación, está contando los días sin Marta del Castillo es a quién encubren unos y otros implicados en el crimen, o si intentan tapar en vano sus responsabilidades penales en este caso, el más mediático de los sucesos actuales en España, tras el de la niña malagueña Mari Luz Cortés.