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«Ver, oír y callar»

Durante más de medio siglo con unas tijeras en las manos aún teme a los calvos porque se quejan, pero él asegura que no es la Virgen de los Dolores

Día 27/06/2010 - 03.27h
Antonio Blanca posa en el patio de su casa rodeado de macetas y recuerdos. ROLDÁN SERRANO
El barbero del Realejo se cortó la coleta al cumplir los 65 años el pasado mes de mayo. Sin embargo, el teléfono no para de sonar y Antonio explica con simpatía a sus incrédulos clientes que ya no trabaja, que es un «hombre feliz» en su casa con su mujer Pepi, sus hijas, un yerno y los perros. Por su sillón de barbero en el número 2 de la calle Muñices han pasado desde toreros a militares de alta graduación y políticos de todos los colores pero sobre todo, amigos como El Pletina o Francisco Sánchez, con sus peculiares chistes.
¿Le siguen contando chistes?
El último fue de El Pletina que me dijo que tenía depresión desde que había cerrado la barbería.
¿Ha dado algún trasquilón en 56 años cortando el pelo?
Alguno que otro. El que más recuerdo fue uno que estornudó mientras estaba pelándolo a navaja y le corté un poco la oreja. El hombre estaba tan asustado que se cogió la oreja para que no le sangrara y dijo que estaría así hasta que llegara a su casa.
¿Cuál ha sido el peinado más raro que le han pedido?
El pelado a ventana, que se puso de moda en los 70, era tan laborioso que le dije al cliente que se lo hacía con la condición de que no dijera dónde. Otro me pidió que le pusiera Dionisio en la cabeza, pero sólo pude poner «Dioni». En la época de The Beatles, los peinados iban cambiando, ya se notaba el aperturismo en el país.
¿Ha sido innovador o transgresor en el peinado?
Jamás, más bien todo lo contrario. Las extravagancias para otro, soy un clásico, de los de afeitar a cuchilla. Cuando llegó lo del sida me negué a afeitar con desechables, ya no afeité más.
¿Y los que más se quejaban?
Sin duda, los calvos. Son los que dan más problemas. Había quien me preguntaba si había dos precios, uno para calvos y otro para gente con más pelo. Evidentemente, el precio era el mismo, pero yo les decía que no soy la Virgen de los Dolores.
¿Es usted barbero o
peluquero?
Llevo 56 años de peluquero, que no de barbero. Empecé con seis años en Los Portales, como se le llamaba en los años 50 a la Plaza de la Corredera. Pero mi madre pronto se dio cuenta de que el lugar frecuentado por prostitutas no era el más adecuado para un niño. Me envió a una escuela clandestina y nocturna de un maestro republicano que además era barbero. Al poco tiempo estaba ya en su barbería como oficial. El dueño de la barbería cobraba el 40 por ciento y el 60 yo.
¿Cuánto ganaba por aquellos entonces?
Como aprendiz con seis años, poco. apenas unos céntimos. Luego ganaba dos perras gordas, y ya saltaba de alegría si alguien me daba dos reales. Cuando nos casamos ganaba 300 pesetas al mes.
¿Un barbero es cotilla?
A mí nadie me ha podido escuchar hablar mal de nadie. Yo he encontrado la felicidad en mi trabajo, pero no cotilleando de los demás. Y cuando alguien me preguntaba le decía que no tenía ni idea. Lo que hay que hacer es oír, ver y callar. Conseguí así ser feliz en mi trabajo y lo soy ahora con mi familia. Hubo una vez alguien que me dijo que parecía un político en elecciones, todo el día saludando.
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