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«Cuando estoy con niños me siento de 18 años»

Angelina necesita de los niños tanto como éstos a ella. Esta voluntaria de mediana edad asegura que los pequeños le dan la vida. Padece un linfoma del que se trata con «quimio»,pero siente que el 60 por ciento del tratamiento es ayudarles en Apannedi

Día 28/06/2010 - 01.18h
Al entrar a una de las aulas de la Asociación de Padres y de Amigos de Niños con Necesidades Especiales para su Desarrollo e Integración Social (Apannedis) los pequeños te reciben como si fuera tu cumpleaños. Es todo alegría. Mientras una profesora corta papeles a cuadritos y los tira al suelo, una joven con Sndrome de Down aprende cómo recogerlas con una escoba. Mientras, otros dos niños, minuciosamente se esmeran en abrochar todos los botones del pijama a un maniquí ayudados por Angelina. Esta vecina de Hornachueos lleva toda una vida dedicada a los niños. Estudió puericultura en Málaga y después de pasar por la Casa Cuna y un aula del Hospital Carlos Haya, fue a parar a la guardería municipal de Hornachuelos donde pasó más de una década como monitora. El Ayuntamiento dejo de contratarla y ella no podía estar en casa. Al paro se le unieron problemas familiares y las enfermedades que tenía latentes afloraron con más fuerza. El asma le atacó más que nunca y un linfoma le iba ganando terreno. Envió su currículum a todas las ONG y asociaciones que conocía para trabajar como voluntaria, y así llegó a Apannedis. Todas las tardes llega desde Hornachuelos para pasar unas horas con estos niños con necesidades especiales. Los pequeños, que al principio le miraban extrañados las manchas de su piel tardaron poco en creer que eran dibujos de hipopótamos u ositos. Uno de ellos se abrazó a esta voluntaria llamándola abuela, y pasó más de un minuto sin poder soltarla. A Angelina esto le sirve de terapia. Asegura que aunque su hematólogoJoaquín Sánchez le prohibió trabajar con niños por el riesgo de sus bajas defensas, ella defiende que éstos están muy sanos. Sin ellos el tratamiento de quimioterapia en pastillas no le funcionaría igual, asegura. «Mis niños son el 60 por ciento de mi tratamiento, el 40 por ciento restante la medicina».
En Apannedis todas las manos son pocas y buscan voluntarios como Angelina. Un grupo de nueve óvenes profesionales, entre psicólogos y
logopedas atienden a casi 200 personas con necesidades especiales, desde autistas, a personas con síndrome de Asperger, pasando por síndrome de Down u otras enfermedades menos conocidas. De ellos más de 160 son niños mientras el resto son mayores de edad que necesitan incluso volver a aprender a escribir después de una apoplejia. Angelina les entiende y les da cariño. Igual les ayuda a aprender a recoger la mesa que a fregar unos platos. Quieren hacer de ellos unos niños de provecho y autosuficiente en la medida de sus posibilidades. Angelina ve estos progresos y los vive como si de sus hijos o nietos se tratara. Este centro, que se sufraga con las cuotas de los padres, donativos y ayuda municipal hacen falta más manos de cara al verano, porque como dice el psicólogo José Luis, las deficiencias no se van de vacaciones.
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