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Nueve años desiertos

En el mes que hoy acaba se cumple el aniversario del concurso que ganó Koolhaas para el Centro de Congresos

Día 30/06/2010 - 08.41h
VALERIO MERINO
El arquitecto holandés, en abril de 2005 en el Ayuntamiento.
Sin mecenas no hay Renacimiento. No lo tuvo en cuenta el presidente de la Gerencia de Urbanismo entre los años 1999 y 2003, el socialista José Mellado, que declaró lo siguiente cuando, el 9 de junio de 2001, el holandés Rem Koolhaas ganó el concurso de ideas del uturo Centro de Congresos con su deslumbrante Palacio del Sur: «Córdoba entra en su segundo renacimiento». El ex presidente de la Diputación añadió que el edificio proyectado en Miraflores significaba «un paso de gigante para entrar con fuerza en el tercer milenio».
La ciudad sigue anclada en el segundo nueve años después, amén de que el pavo con el que Mellado identificó el desatascamiento financiero del proyecto y al que condenó al cadalso de la olla en la Navidad de 2002 se dirige feliz y con paso firme hacia la adolescencia. Por él como si la primera piedra del inmueble no se pone hasta el siglo que viene. Mientras tanto, la sociedad cordobesa asiste atónita al enésimo retraso del comienzo de la obra, que no tiene siquiera fecha estimada de puro pudor del equipo de gobierno municipal, harto ya de quedar en evidencia tras incontables plazos incumplidos.
Pero en 2001 ni el político más escéptico —con mando en el Ayuntamiento o en la oposición— podía imaginar que el arranque de la construcción del Palacio del Sur fuera a dilatarse tanto, al punto de que el Pleno que se celebre el próximo julio alumbrará una comisión que aborde la gestión del equipamiento... nueve años después de que se concibiera. Basta tirar de hemeroteca para constatar cómo IU y PSOE, que han sido los partidos que han estado al frente Urbanismo desde 2001, no se han situado a la altura de las expectativas generadas tras la victoria del arquitecto holandés en el concurso internacional de ideas convocado por la Gerencia.
«El Palacio del Sur es el más colosal de los proyectos aspirantes», resumía ABC en la amplia información que dedicó al decantamiento del jurado por la propuesta de Koolhaas. «Córdoba elige
hoy su edificio más importante junto con la Mezquita», tituló en portada y a todo trapo otro periódico local. El despliegue de medios estaba más que justificado: durante el fin de semana —el del 9 y 10 de junio de 2001— la ciudad reunió a la elite de la arquitectura mundial. Además de Rem Koolhaas, concurrieron al concurso nombres de referencia en la disciplina, entre los que destacaban el navarro Rafael Moneo, la anglo-iraquí Zaha Hadid, el japonés Toyo Ito y los sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, y ello en pleno auge nacional del diseño de edificios llamados a ser el emblema de ciudades que habían perdido el relieve que creían merecer no sólo en España, sino en el resto del mundo.
Mellado acaso pecó de megalómano—ya habló en 2001 de «coste cero»— al creer que Córdoba sería capaz de generar la energía financiera suficiente para poner en pie algo tan ambicioso como el Palacio del Sur, pero en política la falta de realismo es en ocasiones una virtud. Porque por más que el Centro de Congresos se mostrase pronto inviable, parece improbable que un Ayuntamiento regido en exclusiva por Izquierda Unida —los socialistas gobernaban entonces en coalición con Rosa Aguilar— le hubiera dado prioridad a un diseño de primera línea con la misma fuerza que Mellado. Prueba de este desapego de IU hacia el proyecto en origen del PSOE es que Rosa Aguilar manifestaba abiertamente en sus últimos meses como alcaldesa que el Palacio del Sur tal y como se planteó en un principio le parecieron siempre inviables, aunque no tuviera más remedio que hacerlo suyo para mantener el pacto de gobierno. IU tuvo que comulgar con ruedas de molino, ya que el diseño de Koolhaas no se adaptaba a los requerimientos iniciales de Urbanismo y fue preciso cambiar el PGOU para encajarlo.
Liberada del pacto con el PSOE tras las elecciones municipales de 2003, a Rosa Aguilar, y sobre todo su lugarteniente Ocaña, no les quedó otra que dimensionar el proyecto, que se volvió del todo un lastre cuando
Ferrovial, la adjudicataria de la obra desde 2004 por un procedimiento negociado tras declararse desierto el concurso público de 2002, anunció que no disponía de fondos suficiente para emprenderlo. Ante el revés de la empresa, que le pasó al Ayuntamiento una factura de 3,7 millones por la elaboración del proyecto ejecutivo, no quedó otra que acudir a la financiación pública. A día de hoy, las cuentas establecen que el Consistorio tendrá que pagar 41 millones de los 68 que cuesta hacer el edificio. Y eso que hace nueve años se daba por sentado el «coste cero» para las arcas municipales
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