Una pilona en la Puerta Sevilla liberó a San Basilio del humo de los tubos de escape hace dos años. Los residentes podían vivir con menos tráfico y sus coches permanecían aparcados en sus aceras. Hace unas semanas, el Ayuntamiento decidió suprimir todos los estacionamientos de esta popular barriada de casas encaladas, gitanillas y geranios, pero con ellos han desaparecido el bullicio y la clientela de tabernas como Caballerizas, San Basilio, La Viuda, La Galga o Don Luis y varios comercios.
Los establecimientos hosteleros más próximos a la Puerta Sevilla se benefician de los aparcamientos públicos del Casco ubicados en la avenida del Corregidor, junto al Cementerio de la Salud o la muralla, pero «al resto le viene muy lejos, y los clientes optan por ir a otro lado», comenta el propietario de Caballerizas.
De momento, aún llegan turistas a pie, pero cuando se presente el invierno, que es cuando los restaurantes viven de clientes cordobeses, «éstos no van a venir porque no tienen donde aparcar», afirma Curro Sanz.
Es más, dice este hostelero, «ni siquiera los propios trabajadores tienen tarjeta para poder cruzar la pilona o aparcar en las plazas que el Ayuntamiento ha destinado a residentes en la Puerta Sevilla».
Los hosteleros de la zona se han reunido hace dos días para abordar posibles soluciones al problema, a lo que se suma que el Ayuntamiento hace todo por la política de hechos consumados. «Si no estás en la asociación de vecinos, no te enteras de los planes, y de un día para otro te encuentras con una pilona y la falta de aparcamientos, sin información previa», comenta Sanz.
El problema, insiste este empresario hostelero, afecta a todos, desde las tabernas de siempre a los dos hoteles del barrio. «Son insuficientes a todas luces y no puedes olvidar nunca poner la tarjeta de residente, por lo que a mí ya me multaron con 100 euros», manifiesta Rocío Ruz, vecina de la calle San Basilio.
A esto se suma que los pocos negocios que hay en la zona, como Alquiler de Sillas Alcalde, con licencia de apertura desde el año 1963 frente al Alcázar de los Reyes Cristianos, se han quedado con dos palmos de narices. Sus clientes sólo pueden entrar de 7.00 a 11.00 horas si se quieren ahorrar el transporte. «No le puedo decir a nadie que venga a por las sillas y así ahorrarse el porte a esas horas. Mi negocio es de 24 horas. Los asientos pueden ser necesarios, por ejemplo, para un entierro a las cuatro de la mañana», comenta Ricardo Rojas, propietario del alquiler de sillas. Rojas critica al Ayuntamiento: «Pareciera que quiere cerrarme el negocio». De momento, «nos ha matado», apostilla.
Ni un alma en la calle
Por su parte, otro vecino de la calle Enmedio asegura que la falta de aparcamientos no la ve ni bien ni mal, pero lo que está claro es que a las 20.00 horas «no hay un alma, el barrio se queda sin vida». Una postura que comparten los usuarios del parking para residentes, que se preguntan si también lo van a empequeñecer más con la reforma que se prevé.
Por último, Antonio, el churrero de los Santos Mártires, que lleva allí toda la vida, asegura que el cambio de tráfico desde que se puso la pilona a la eliminación de los aparcamientos le ha supuesto reducir su clientela y ventas en más de un 40 por ciento.




