Podríamos decir que Fernando Vacas es el productor musical del momento y que, además, tiene una idea precisa sobre Córdoba. Sobre esta ciudad afirma, por ejemplo: «Aquí hay mucho arte. Pero un jardín si no se riega acaba marchitándose. Es una ciudad a la que hay que cuidar y apostar por las cosas que tenemos. Yo no digo apática, pero recomiendo a la gente que se dé una vuelta por el mundo. Que salga fuera para que vea qué hay por ahí y así ver lo que tienes aquí».
Pero vayamos al principio. Y en el principio, Fernando Vacas (Córdoba, 1971) era un jovencito que se matriculó en Agrónomos con la decidida intención de hacerse un hombre de provecho. Nada más concluir la carrera, trabajó en la Mancomunidad del Guadajoz durante dos años. Pero el muchacho había incubado desde niño el virus de la música, quizás porque su padre era un melómano que tenía una colección de 4.000 discos y la de su madre era una familia flamenca de toda la vida. Conclusión: regresó a su universo natural y montó una banda (Flow).
Hasta que la cosa empezó a complicarse y en 2003 impulsó la creación del sello discográfico Eureka. Aunque Fernando Vacas avisa: «Yo no me tengo por empresario. Hay quien está en la música por dinero y quienes estamos por amor. Para mí, esto no es un negocio, sino un regalo de Reyes». Hasta aquí, toda una declaración de principios. Con matizaciones, naturalmente. «Nuestra única condición es que no haya pérdidas. Y lo estamos consiguiendo en parte. Yo hago las cosas como me vienen».
Alumbrado por esta filosofía de la precariedad, acaba de producir un disco deslumbrante. Un experimento fermentado en la azotea de su casa entre una banda de gitanos (Raimundo Amador, entre ellos) y la voz doliente de Howe Gelb. El trabajo ha acaparado ya dos portadas en revistas especializadas, una de ellas Rock de Luxe. El propio presidente de la todopoderosa Emi en Europa, Guy Moot, acaba de confesarle a Vacas que el disco le parece «una joya» y que está decidido a promocionarlo en todo el mundo.
No es el único producto de la factoría Vacas. Actualmente, trabaja en la producción de una nueva banda madrileña que responde al nombre de Tom Benet y en breve se sumergirá en la edición de un disco de Víctor Coyote.
En Córdoba, echa en falta agentes culturales, gente que remueva el cotarro y que tenga visión periférica. «Somos muy endogámicos. El cordobés tiene que salir. Pero hay que decir que es una persona muy moderna desde hace siglos. Por temperamento y por carácter». Vacas acaba de regresar de Nueva York, adonde ha ido invitado en unas jornadas musicales. «Ha sido una experiencia formidable», declara. Viajar es una de sus señas de identidad. El último disco de Flow fue grabado en México en el estudio de Tito Fuentes, integrante de Molotov. Lo cual no le impide tener invariablemente los pies en Córdoba y hasta poseer una opinión sobre su futuro. «Aquí hace falta tejido industrial», proclama. ¿Y sabe usted cómo se corrige este déficit? «No tengo la más remota idea», responde. Todo dicho con la más desenfadada de las socarronerías.




