HACE mucho tiempo que los profesionales de Enfermería (enfermeros, matronas y fisioterapeutas) nos preguntamos: ¿Qué hemos hecho, o cual ha sido nuestro pecado, para que el SAS, perteneciente a la Junta de Andalucía, nos machaque laboral y profesionalmente de esta manera?. La respuesta no somos capaces de encontrarla; al menos, una respuesta racional, objetiva, razonada y justa, por lo que debe ser que la respuesta a nuestra pregunta debe tener tintes mezquinos, inconfesables y con altas dosis de falta de reconocimiento y desprecio profesional a quienes día a día en nuestros hospitales y centros de salud garantizan con su excelente formación, capacidad, entrega y espíritu de sacrificio, una atención sanitaria y cuidados a miles de personas con problemas de salud, y además lo hacen de manera ininterrumpida las 24 horas de cada día y los 365 días del año.
La enfermería garantiza la atención y cuidados a los pacientes, a pesar de no disponer con frecuencia de los medios y recursos necesarios para hacerlo, viéndose obligada a realizarlo en un entorno inequívoco de inseguridad y pérdida de calidad asistencial.
La sociedad debate hoy los recortes del Gobierno y la Junta. En lo referente a la bajada de sueldo de los empleados públicos, algunos la observan con cierta satisfacción, por considerar que son unos privilegiados. Por cierto, ¿no se en qué? Al menos, en lo referente al personal sanitario y mucho menos al de Enfermería. En este sentido han de saber quienes reciben con cierto júbilo los recortes al personal sanitario que el sueldo base de un profesional es hoy de 985 euros brutos, y que es a base de complementos lo que le permite acercase a un sueldo algo más aceptable. Complementos por hacer guardias de 17 y 24 horas, trabajar de noche, trabajar en domingos y festivos, trabajar en turnos rotatorios alterando permanentemente el ritmo biológico y familiar,...
Por tanto, la Enfermería desde el punto de vista salarial, en absoluto dispone de sueldos altos que pudieran venir a reconocer económicamente su penoso sistema de trabajo y turnos, ni tampoco el contacto diario con el dolor, el sufrimiento y en ocasiones la muerte, lo cual incide muy negativamente en el estado físico, psíquico y anímico de los profesionales, sin olvidar los riesgos inherentes de éstos en un ambiente hostil para su salud laboral, al estar en contacto permanente con enfermedades, en ocasiones contagiosas, y con riesgos también de accidentes laborales.
Además de todo ello, Enfermería lleva sufriendo recortes desde hace años, pues no se respetan las plantillas (que por cierto no crecen desde hace más de 10 años, mientras sí crecen permanentemente la cartera de servicios y nuevas actividades asistenciales); también desde hace años una sola enfermera ha de cuidar y atender hasta 26 pacientes; una sola enfermera ha de atender simultáneamente a los ciudadanos de varias localidades; o se contrata sólo al 35% durante todo el año para sustituir a los profesionales de Enfermería que están de baja; sin olvidar que los profesionales de Enfermería son movilizados forzosamente y cada día de unas unidades a otras como meras piezas productivas e insensibles, a las que se les exige que en cuestión de segundos se adapten en cada unidad a la que se les moviliza, para conocer el tipo de pacientes de la misma, el sistema de trabajo, dónde están ubicados los medicamentos o como funcionan los medios técnicos y un sinfín de novedades que les generan inseguridad, ansiedad y un riesgo impuesto por quienes «dirigen y gestionan» el centro, y que afecta a todos.
Pero luego si se produce algún error profesional involuntario, como ocurrió el año pasado en un hospital madrileño, dirán que el responsable es la enfermera y no el gerente que les impide trabajar con seguridad no dotando a las unidades de recursos humanos necesarios para garantizar la seguridad del paciente, en lugar de trasladarles cada día de unas unidades a otras .
Es posible que aún así, habrá alguien que siga pensando que los profesionales de Enfermería merecen que les recorten su salario y que tienen la obligación de aportar su esfuerzo para paliar la crisis, por cierto una crisis que ni la han generado, ni son responsables de la misma; es más, he de afirmar que Enfermería lleva muchos años no sólo sufriendo recortes laborales y profesionales, cosa que no les ha ocurrido a la inmensa mayoría de los ciudadanos, sino que además, viene aportando esfuerzo y colaboración diaria, que nadie reconoce ni valora. En este sentido la Enfermería cordobesa trabaja diariamente y de manera gratuita, además de su jornada establecida, más de 500 horas, o más de 15.000 al mes; horas de trabajo que no cobran y que no son reconocidas por la Administración Sanitaria, pero que gracias a ellas se mantiene una exhaustiva evolución de cada paciente.
Asímismo, cada día cientos de enfermeros ponen al servicio de la Administración sanitaria su coche privado y familiar para dar agilidad y rapidez en la atención sanitaria a los ciudadanos de cada uno de nuestros pueblos, teniendo que asumir además el coste diario del combustible, y el coste que pudiera generar cualquier desperfecto o daños al vehículo, producido por cualquier golpe o accidente.
Como podrá observarse, es despreciable que a quienes llevan años sufriendo recortes y contribuyendo de manera generosa con su propio esfuerzo personal y económico a que el paciente no sufra, o al menos, lo haga lo menos posible, las deficiencias del sistema sanitario, ahora también se les castigue retributivamente, mientras se les sigue exprimiendo y machacando laboral y profesionalmente, máxime cuando quienes son responsables de la situación social y económica actual siguen disfrutando de sus privilegios, y a quienes de verdad deberían imponer recortes y exigir responsabilidad, no se tiene ni la valentía ni la intención de hacerlo. Llego a la conclusión de que en tiempos de bonanza siempre se benefician los mismos y que en tiempos de crisis y dificultades también siempre la pagan los mismos. Por tanto, algo lleva años fallando escandalosamente y de manera preocupante en nuestro sistema social, político, económico y sanitario, y eso desde luego ni es provocado por los profesionales sanitarios ni éstos tienen que pagar la ineptitud y nefasta gestión de quienes tienen la responsabilidad de gobernar y gestionar.




