CÓRDOBA
El gusto por los nombres poco comunes está a la orden del día en Córdoba y no son pocos los casos de bebés bautizados como Naiara, Aroa, Iker o Yeray. No obstante, de momento siguen prevaleciendo los clásicos, tal y como refleja la última estadística publicada por el Instituto de Estadística de andalucía (IEA), que sitúa a la cabeza de la lista a las niñas llamadas María, Lucía y Paula; y en el caso de los niños a Alejandro.
Según señalan los expertos en temas sociológicos, los padres de ahora están eligiendo nombres que hacen énfasis en que sus pequeños puedan ser únicos y sobresalientes. A priori, esto no es malo; incluso conlleva menos prejuicios y más tolerancia hacia grupos minoritadios. La cosa puede cambiar si se presta demasiada atención al individualismo, lo que puede llevar a los niños al narcisismo. Por supuesto, tener un nombre poco común no convierte a nadie en una persona ególatra, pero para los investigadores, resulta evidente que la sociedad actual es más arrogante que las anteriores.
Atendiendo a los datos del IEA, durante el pasado año se bautizó a 82 Danielas, subiendo 16 puntos en la clasificación, puesto que en 2008 fueron 36.
También ganaron posiciones Ariadna, Azahara, Candela, Sheila, Estela o Naiara.
No obstante, el que más subió fue María Ángeles, al pasar del número 123 de la lista al 68, si bien sólo 12 niñas recibieron este nombre en 2009.
En lo que respecta a los niños, los padres prefieren para ellos otros más comunes, como Daniel, Pablo o Manuel, aunque empujan con fuerza algunos como Iker, Yeray o, curiosamente, Domingo, que pasa del puesto 177 al 95. Rafael sigue arriba del todo, como Álvaro, señas de identidad cordobesa.
Influencias variopintas
Estos cambios, como no podía ser de otra forma, también los están detectando los encargados de administrar el sacramento del bautismo.
Así lo puso de manifiesto el sacerdote cordobés Manuel Sánchez, que apunta que «sí hay padres que ponen a sus hijos nombres raros o fuera de la tradición cristiana, pero diría que no llegan al 10 por ciento y que prevalecen los tradicionales».
Desde su punto de vista, «hay nuevas y diversas influencias» que determinan que los progenitores se decanten por ponerle a su vástago Unai en lugar de Antonio.
«La televisión tiene mucho que ver. Programas como “Gran Hermano” u “Operación Triunfo” han incidido en esta realidad. También las telenovelas y la influencia de lo esotérico pueden tener también su parte de responsabilidad».
Igualmente, este párroco habla de la incidencia de nombres mitológicos, como Zeus, Dafne o Diana. «Cobra fuerza el tema de la identidad femenina de Dios, ligado al movimiento del ecologismo, que cree en la Madre Tierra. Así, la sociología cristiana se diluye entre estas influencias».
El padre Manuel considera que en las zonas rurales se mantienen con más fuerza los nombres tradicionales, «por su devoción y referencia a sus patronas o patrones. Además, el núcleo familiar no se dispersa tanto como en las grandes ciudades, con lo que se suele mantener la tradición de llamar a los hijos e hijas como los abuelos y abuelas».
En este sentido, puso como ejemplo a municipios como Cabra, «donde hay muchísimas mujeres llamadas Sierra, como su virgen», o Lucena, «localidad en la que viven muchas mujeres llamadas Araceli».




