Córdoba

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«Mis hermanos están orgullosos de lo que hago»

Bernabé es de los que no se achantan ante los problemas del día a día. Para este treintañero su enfermedad mental es lo de menos y tiende la mano a los discapacitados a los que acompaña, mima y anima. Una tarea que, asegura, le llena

Día 26/07/2010
A los 24 años le diagnosticaron una enfermedad mental. Han pasado diez y no se rinde ante la vida. Lleno de vitalidad, acude dos mañanas a la semana a la Unidad de Día de Fepamic para pasear, hacer recados, participar en el taller de pintura o simplemente conversar con los que han quedado postrados en una silla de ruedas. Ha visto de cerca cómo un joven como él entraba por la puerta de Fepamic después de sufrir un accidente de moto y ha comprobado de primera mano cómo una chica de una enfermedad degenerativa ha quedado para siempre sin movilidad. Bernabé tiene claro que es voluntario porque como trabajador no lo haría. «No es lo mismo que te paguen, que hacerlo porque te gusta lo que haces. Si me tuviera que levantar por obligación, a lo mejor no venía con tantas ganas», asegura sin complejos. Bernabé en tres años se ha hecho un hueco entre ellos. Ha conseguido amistades, pero sobre todo, estos dos días a la semana compartiendo horas con estas personas en silla de ruedas son su mejor terapia. Bernabé los saca a la calle, los pasea, les ayuda a hacer recados, los lleva de compras al centro Carrefour, cerca de la residencia Fepamic, los mima y los escucha. Una misión aparentemente simple pero que le supone un alivio a estos residentes de Fepamic y a sus familiares.
Este voluntario apenas habla de su enfermedad, con un «sí, lo mío es de los nervios», zanja la cuestión, al tiempo que dice que ve cómo los demás están mucho peor que él y lo suyo no tiene importancia. Su familia, y en especial sus hermanos, se sienten orgulloso de la tarea que tiene Bernabé en Fepamic, y del cariño con el que habla de estas personas.
Como voluntario seguirá «hasta que me echen», bromea Bernabé, porque esto le llena.
«De mi mano»
Una de las escenas que recuerda es cuando después de pasar un año con uno de los residentes en Fepamic enseñó a andar a una persona que acababa de sufrir una accidente y tenía problemas de movilidad. «Era como un niño pequeño cuando empieza a andar, cuando dio sus primeros pasos solo, me emocioné», recuerda Bernabé. Una de las ocupaciones que más le divierten es el taller de pintura de la unidad de día de este centro para discapacitados. Bernabé asegura que no es muy bueno con el dibujo, pero que sin embargo pinta y barniza a las mil maravillas. Estos talleres le ayudan, reconoce, a no pensar en sí mismo, sino en los demás, que «están mucho peor que yo», asegura. De esta forma, este joven cordobés relativiza su enfermedad, una patología que le imposibilita para otros trabajos y que le ha llevado a cobrar una pensión, y se siente útil. Una experiencia que recomienda a todos los que crean que los que ayudan se ayudan a si mismos. «La felicidad te la dan ellos a ti», es una frase que repite, no sólo Bernabé sino numerosos voluntarios que como él regalan su tiempo a los más necesitados.
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