Actualizado Lunes, 06-04-09 a las 09:35
Año 1434. El almirante Zheng He y su todopoderosa flota arriban a las costas de la Toscana. Han pasado casi tres años desde que el 19 de enero de 1431 zarparan de Nanjing, antigua «capital del cielo». La mayor expedición jamás conocida surcó el planeta en el siglo XV con un único objetivo: mostrar a los bárbaros cuán inmensamente amplios y profundos eran los conocimientos chinos. En el libro «1431», que acaba de publicar Debate, Menzies plantea una asombrosa revisión de la Historia, con pruebas que sitúan las raíces del Renacimiento en aquellos viajes de exploración chinos. Este ex oficial de la Marina británica, autor del éxito editorial «1421», ha dedicado los últimos 19 años a viajar alrededor del mundo y reconstruir las expediciones chinas del siglo XV. Según su revolucionaria tesis, aquellos hombres aportaron «la chispa» de conocimiento que prendió el fuego del Renacimiento.
En el año 1434, fecha en la que el embajador Zheng He desembarca en la Toscana, China era la reina de los mares y la mayor potencia planetaria. La de los chinos era una civilización milenaria, que hacía siglos había descubierto la pólvora, desarrollado complejos sistemas de canalización y riego, ideado sofisticadas máquinas civiles y militares, y había inventado la imprenta. Cuando llegaron a Florencia, lugar en el que se entrevistaron con el Papa Eugenio IV, aquellos orientales se encontraron con un continente que empezaba a salir de mil años de estancamiento tras la caída del Imperio Romano.
«En el siglo XIV Florencia era un lugar atrasado. Pero entre 1413 y 1470 produjo una serie de obras tan majestuosas que casi seis siglos después todavía lo dejan a uno sin aliento», señala Menzies en su libro, para a continuación plantear el «quid» de la cuestión: «¿Por qué prendió el Renacimiento en esa pequeña ciudad italiana? ¿Y por qué en aquel preciso momento?». Alejado de la ciencia ficción, Menzies documenta sus investigaciones con mil y una pruebas, algunas de las cuales niegan la autoría de la mayor parte de los inventos atribuidos a Leonardo da Vinci.
«Todo prospera y se renueva, pero los Países Extranjeros situados muy lejos, allende los mares, no han oído y no saben», reza el edicto fechado el 29 de junio de 1430, por el cual el emperador chino ordenaba llevar a los bárbaros el mensaje de respeto y sumisión debidos a su reino. Zheng He se entrevistó con el Papa en Florencia para transmitir a Europa conocimientos que resultarían trascendentales para el renacer europeo.
Mapas del mundo que describen los cinco continentes, tablas matemáticas que permiten calcular longitudes y latitudes, teorías que desarrollan el heliocentrismo... Todo ello, a bordo de los barcos chinos. Destaca un documento: el «Nung Shu», una enciclopedia de 1313 que compilaba los diseños de todo tipo de maquinaria civil y militar, y cuyos dibujos copiaría un tal Paolo Taccola. «Un italiano que vive en un pequeño pueblo, que no ha ido a la Universidad y que jamás ha visto el mar... ¿Cómo puede él haber diseñado un helicóptero o un buque de guerra?», se pregunta Menzies, para quien la expedición china —integrada por traductores, astrónomos y geógrafos— era una suerte de «universidad flotante» que contenía «más saber intelectual que cualquier universidad de la época». A juicio del autor, aquella delegación aportaría la base que luego desarrollaron genios del Renacimiento como Copérnico, Kepler o el propio Leonardo.

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