Pedro Solbes se ha definido a sí mismo en varias ocasiones como un socialdemócrata liberal. «Creo en la economía de mercado, pero creo también que hay que pagar impuestos para mantener la solidaridad del país», aseguraba el ya ex vicepresidente. Y es la conjugación de estas dos caras, la social y la liberal, la que en su día le dio prestigio fuera del Gobierno, pero también más de un quebradero de cabeza dentro del mismo.
Pedro Solbes, que de haberse despedido al término de la pasada legislatura, hace apenas un año, hubiera pasado a la historia como uno de los ministros de Hacienda que mejor herencia hubiera dejado a su sucesor: superávit en las cuentas públicas y baja tasa de paro, se marcha ahora dejando a España sumida en una profunda recesión, con más de 3,5 millones de parados y con las arcas estatales superando ya los límites de estabilidad fijados por Maastricht y sin apenas margen para adoptar otras medidas.
El ex ministro de Economía, al que se acusó en las últimas semanas de dar muestras de agotamiento y de haberse quedado sin ideas ante la crisis salió airoso durante la pasada legislatura de sus enfrentamientos cuerpo a cuerpo con algunos de sus compañeros del Consejo de Ministros y paró goles como la desaparición de la deducción por vivienda, la rebaja del IVA de los libros o el tipo único del IRPF. Sin embargo, y pese a lo que algunos pensaban, el ministro más veterano del Gobierno Zapatero no abandonó el barco cuando el presidente introdujo en su programa electoral medidas como los 400 euros, el cheque bebé y otras más que dilapidaban en unos meses lo que se había ahorrado en años y con las que él no comulgaba. Pese a haber cumplido los 65 años, aceptó el reto de hacer frente a una crisis cuyo calado no supo prever, y que ahora se lo ha llevado por delante.
