Intenta con su adiós eclipsar la investidura de López y vuelve a desligitimar su gobierno

Sólo reproches
DEJAR EL PODER
Ibarretxe dijo que el nuevo Ejecutivo nace como «una cruzada para destruir» y no para construir
«Aquí empecé a hacer política y aquí es donde os dejo»
Claramente escocido por su derrota, el ex lendakari en su discurso no dedicó ni una sola palabra a felicitar o desear suerte al nuevo presidente del Gobierno vasco
Juan José Ibarretxe asumió ayer su fracaso electoral y puso punto y final a su andadura política. Sobre las siete de la tarde, en medio del debate de investidura de Patxi López, el hombre que ha dirigido el Gobierno del País Vasco durante los últimos diez años anunció su intención de comenzar una nueva etapa en su vida, alejada de la política. «Aquí empecé a hacer política y aquí es donde la dejo», finalizó antes de decir «adiós» entre los aplausos de los miembros de su partido.
Ibarretxe había iniciado su intervención de réplica al resto de partidos con un par de frases irónicas sobre la «gran expectación» que había en la Cámara o de la importancia que tenía «la cabeza del lendakari», pero no estaba claro si se confirmarían los rumores y diría adiós o esperaría. Casi al final de su discurso, se fue despidiendo de cada uno de sus consejeros, así como de las formaciones que sustentaron el tripartito que lideró: PNV -al que instó a seguir «liderando el país» desde las instituciones-, EA e IU. Según él, su cambio de vida no será difícil porque «nunca he olvidado que a los lendakaris nos da el mismo sol y la misma lluvia» que al resto de personas.
Por la mañana, en su discurso de candidatura a la Lendakaritza, Ibarretxe sacó a relucir toda la artillería independentista para deslegitimar a López. Su discurso fue una diatriba sin concesiones contra el PSE y el PP, a los que acusó de «la perversa utilización de instrumentos legales diseñados y construidos expresamente para alcanzar el poder en Euskadi, como la Ley de Partidos». Es decir, volvió a señalar que su salida del poder es consecuencia directa de la ausencia de ETA en la Cámara y fue más allá al apuntar la creación de un texto legal para acabar con la hegemonía del PNV y no con los terroristas. Señaló que el nuevo ejecutivo nace como «una cruzada para destruir» y no «para construir».
Claramente escocido por la derrota que sin duda iba a cosechar en la votación para salir reelegido, Ibarretxe no dedicó ni una sola palabra a felicitar o desear suerte a López. Empeñado en restar legitimidad a su oponente y en atribuírsela así mismo, utilizó la primera parte de su discurso para narrar, a su juicio, la presunta estratagema esbozada por socialistas y populares en 2001 para desalojar al PNV del poder. La clave del asunto está en la Ley de Partidos, que se ha usado como «tijera legal» para ir «perfeccionando la alternativa», apostilló con ironía de trazo grueso.
Una trampa delirante
Toda esa delirante trampa legal ha tenido, según la versión del lendakari saliente, unos efectos que dividió entre «visibles» e «invisibles». Entre los primeros se refirió a «un Parlamento recortado cuantitativamente» y con «una falsa mayoría» que no refleja la realidad política y social del País Vasco. Los efectos «escondidos» son la «criminalización del diálogo» para resolver el trillado «conflicto» y que la solución a la violencia etarra llegará desde fuera del País Vasco, desde «Madrid». En otras palabras, la no presencia de los proetarras en el Parlamento es una merma para la paz, según Ibarretxe, que al mismo tiempo presumió de haber pedido a ETA que abandonase las armas.
La consecuencia última de todo ese ardid que Ibarretxe imaginó y compartió es la llegada de un Gobierno «frentista, débil e inestable». A su entender, el Ejecutivo vasco liderado por López carece de estabilidad porque se sustenta «en una componenda de mínimos» -en referencia peyorativa al acuerdo de «Bases para el cambio democrático al servicio de la sociedad vasca»-, no es fuerte porque las decisiones estarán supeditadas a «los intereses en Madrid» y supone un frente porque «se hace a espaldas de la mayoría sociológica y política de este país». Para luchar contra todo ello, Ibarretxe insistió en su tesis de que el PNV seguirá liderando el País Vasco desde otras instituciones.
Luego se adentró en la cuestión identitaria y situó como epicentro el «derecho a decidir» que durante sus mandatos incluyó en sus «planes». Aseguró que su partido está dispuesto a esforzarse «para sacar adelante a este país», pero que, «con la misma rotundidad», les tendrá «enfrente» todo aquel que pretenda «destruir el camino recorrido».
