La escudería italiana se despidió ayer de su afición antes de partir a Bahrein en un acto que contó con la presencia de pilotos, mecánicos y capos. Sigue acaparando todo el protagonismo y la parrilla al completo le concede el papel de máxima favorita
En Ferrari todo es a lo grande. Vive de la historia y la alimenta diariamente, sembrando hacia la eternidad que parece ya conseguida después de tanto tiempo iluminando los circuitos de todo el mundo con su rojo pasión. Y más ahora que junta al mejor equipo con el considerado mejor piloto para la opinión popular, éxito casi por contrato a la espera de ver cómo responde el F10 en el asfalto. La primera prueba, el domingo en Bahrein, emirato al que se desplazó ayer en manada después de una despedida a lo grande, lo más parecido a la nostálgica imagen del jovenzuelo que se iba a la mili con el petate a la espalda dando besos a su mamá.
En Maranello, campamento base de la Scudería, epicentro de todas las operaciones en donde reina el carácter latino que tanto agrada a Alonso, se congregaron todos los miembros del equipo rojo. Mecánicos, pilotos, los capos Stefano Domenicali y Luca Cordero di Montezemolo y el público, imprescindible en cualquier acto de Ferrari y entregado ayer a sus héroes como cuando Alonso subió al atril para alzar el pulgar y prometer compensar tanto cariño. Es pura devoción, lealtad a una marca esté quien esté al volante. Hasta con estos eventos se hace negocio en la Fórmula 1, máquina incansable de generar dinero.
El contador va menguando. El jueves se abre la temporada con los primeros entrenamientos y ahí se descubrirán las cartas. Ferrari no va de farol, eso está clarísimo, y toda la parrilla tiene fijación con el F10, candidato y líder en cualquier casa de apuestas del planeta. En estos días de nervios, cualquier declaración se toma como un bombazo y la mayoría comparten un denominador común. «Creo que Alonso será mi principal adversario, Ferrari es el mejor coche», apunta Lewis Hamilton, que sabe mejor que nadie cómo puede exprimir el asturiano su talento en una infraestructura tan potente. «Son muy rápidos», añade Schumacher, resignado a estar a un peldaño de los mejores en la primera carrera del Mundial. Desde Ferrari se protegen: «Será un Mundial durísimo».




