El único vino rosado con la indicación geográfica «Vino de la tierra de Córdoba» lo produce la cooperativa La Unión y se obtiene con un cuidadoso esmero de 16 fanegas de viñas tintas en espaldera que el responsable de la sectorial de la Viña de Asaja, Juan Manuel Centella, posee en las proximidades del arroyo Benavente, en la sierra de Montilla.
La recolección de esta uva es nocturna. En concreto, es un proceso que se hace por la madrugada para «evitar altas temperaturas y para lograr una fermentación idónea entre los 12 y los 16 grados, con lo que se consiguen unos rosados muy aromáticos», según explica el capataz de la cooperativa La Unión, José Garramiola.
Añade que «se denomina sangrado de tinto porque se obtiene sólo y exclusivamente de uva tinta de la variedad syrah, dado que hay una gran mayoría de rosados que se elaboran con una mezcla (coupage) de uva blanca y tinta».
El rosado de la cooperativa montillana, como apunta Centella, es «un vino capaz de satisfacer los paladares del blanco y del tinto, pues reúne las mejores cualidades de ambos». Y, en efecto, así debió de apreciarlo el jurado que en la VI edición de los prestigiosos premios «Palacio», celebrada en Torremolinos en 2005, le concedió una medalla de oro. Al certamen concurrieron once categorías de un total de 110 vinos de denominaciones nacionales e internacionales, y el «Nariz de Oro 2001», José Roldán Grande, valoró de él, en especial, «los aromas, el color y la textura en el conjunto de sus componentes».
Luego, fue merecedor de otra serie de galardones, recuerda el gerente de La Unión, Antonio Martínez, ya que en 2008 obtuvo el Gran Mezquita de Oro en los premios Mezquita de Córdoba y en 2009 el de Plata. El rosado de syrah es el fruto del plan de colaboración que hace unos 15 años estableció la cooperativa montillana con la Consejería de Agricultura para ir observando en plantaciones experimentales la evolución de variedades «mejorantes» en vinos tintos y en blancos
para caldos jóvenes de mesa, así como de la diversificación de variedades que se fue implantando en la zona vitivinícola.
Las 16 fanegas de Juan Manuel Centella sólo se destinan a la recolección de la uva para la obtención de este rosado. «La viña tiene ocho años y se mantiene con el criterio de obtener una cosecha razonable, pero corta, porque se trata de mimar la uva sobremanera», precisa, y añade que «se lleva igual que el resto de nuestras viñas, sin nada en especial, salvo que se poda un poco más corto para lograr una cosecha más limitada y que así el fruto obtenga más propiedades».
80.000 botellas
El terreno donde se asientan es semialbarizo y se halla justo al límite de la zona de calidad, por lo que es «bastante sano y apenas si ha necesitado productos para controlar plagas, si se exceptúa que ha sido necesario echarle azufre para el oidio», subraya Centella. Éste explica que procuran emplear dos máquinas en la recolecta nocturna al objeto de minimizar los tiempos de la vendimia del fruto. «Se hace de forma que no transcurra nada desde que se corta hasta que se depositan en el lagar y, al haber dos máquinas, aportan mucho volumen y permite salir a un camión casi detrás de otro, porque los tiempos de maceración del fruto son muy cortos y están muy ajustados».
La producción de la viña ronda los 8.000 kilos por hectárea y de ella lanzará al mercado La Unión unas 80.000 botellas de tres cuartos, «muy apreciadas ya en la restauración andaluza, sobre todo en la costa y en Córdoba», apunta Martínez. El gerente de esta cooperativa destaca que una vendimia tan prematura como la de la zona «permite ya caldos fermentados de esta campaña de las variedades de mesa Chardonnay y Sauvignon Blanc, con lo que lo más probable es que, en octubre, los primeros vinos envasados que haya en el mercado europeo sean los nuestros».




