El tramo de la Ronda Norte que dependen de Marín-Hilinger tiene otro problema. Bajo el puente que va desde la Ronda Este hasta la calle Madres Escolapias acampan familias rumanas en chabolas. Sin embargo, a los vecinos de la urbanización Mirabueno, limítrofe con este punto, no les incomodan estos nuevos inquilinos, a la espera de que el Ayuntamiento los desaloje si no lo hace la promotora del nuevo viario. «No consideramos que los rumanos supongan problemas de insalubridad, aunque sí es verdad que cada vez hay más y la Policía no hace nada para evitarlo», manifestó el presidente de la asociación vecinal Mirabueno-Sierra, Rafael Aguilera.
No obstante, el representante del residencial construido por Marín-Hilinger sí que criticó al Consistorio y al promotor por el estado «de semiabandono» de un barrio cuyos vecinos llevan en sus casas sólo tres años. «El estado de abandono por parte del Ayuntamiento en las zonas comunes causó el año pasado hasta un incendio de pastizales», apuntó Aguilera, que añadió que desde el Ayuntamiento «nos piden paciencia para realizar las intervenciones que le hace falta al barrio, como dotar la zona de las zonas ajardinadas previstas, poner árboles en las calles, instalar fuentes públicas y establecer un sistema de riego, que tampoco hay».
Una vecina de la calle Granado, que prefiere preservar su identidad, se queja de que «pagamos 600 euros del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y hemos tenido que plantar los árboles de nuestras calles y mantenerlos porque las zonas comunes está abandonadas».
Cables que salen de los arriates, socavón en las aceras, agujeros en el carril bici y hierbas secas en las supuestas zonas ajardinadas son los elementos de la decoración urbana de los chalés, que costaron más de 80 millones de las antiguas pesetas a sus propietarios y que, además, se preguntan cuándo estará acabada la anunciada Ronda Norte.
Al otro lado del vallado, en el interior del cuál viven los rumanos, una familia sí que considera que las costumbres de estos extranjeros conllevan un gran riesgo de incendio, pues por las noches suelen hacer hogueras cerca de la zona de jaramagos. María del Mar Pedrosa, que vive en las inmediaciones de la glorieta de Chinales, informó a este periódico que el año pasado envió una carta al Ayuntamiento alertando de la situación y, días después, la Policía levantó el campamento, pero, ante la falta de vigilancia otra vez han vuelto a instalarse.
«No es una cuestión de racismo, sino de salud pública y de riesgo de incendios, sobre todo con las temperaturas del verano», indicó Pedrosa.




