Dos sacerdotes diocesanos cordobeses partirán dentro de un mes hacia Perú para iniciar en Moyobamba una nueva etapa de su vocación y un servicio pastoral hasta ahora inédito para ellos, aunque ya habían visitado el lugar, al que ahora se encaminan, con anterioridad. Se trata de Francisco Jesús Granados Lara y Juan Ropero Pacheco, de 34 y 39 años de edad respectivamente, que hasta ahora han realizado su trabajo pastoral en varios destinos de nuestra provincia: el primero es —entre otros cargos— director espiritual y profesor del Seminario Menor «San Pelagio», consiliario diocesano de Cursillos de Cristiandad y subdirector y Profesor del Instituto «Beata Victoria Díez». El segundo ha sido párroco en Aguilar de la Frontera y viceconsiliario diocesano de Cursillos.
«Sed de Dios»
Los dos sacerdotes son jóvenes, y cumplen este año la primera década desde que se produjera su ordenación. «Al cumplir diez años de cura, irme a las misiones es para mí lo mejor que me ha podido pasar», confiesa Juan Ropero. Una estancia en Moyobamba, de la que ya han transcurrido cuatro años, fue la base que empezó a fundamentar su decisión de dar un giro a su apostolado y marcharse a las misiones.
Allí convivieron con los nativos, vieron sus condiciones de vida y, sobre todo, «su sed de recibir la palabra de Dios, las ganas que tienen de contar con sacerdotes; son gente muy receptiva, con la que compartimos la misma fe», prosigue el director espiritual del Seminario Menor.
El lugar donde desarrollarán su trabajo es una zona de selva, dentro de una prelatura apoyada por la archidiócesis española de Toledo. Su labor se repartirá entre nueve núcleos de población, en total unas 80 comunidades rurales dispersas, en un medio inóspito como es la selva peruana.
Superar dificultades
Pero los dos nuevos misioneros de la diócesis de Córdoba no se sienten unos héroes: «No por irnos a las misiones vamos a ser mejores sacerdotes, lo que vamos a hacer no es nada meritorio, el mismo valor tiene lo que hace cualquier sacerdote en la más humilde de las parroquias», afirma Granados. Su compañero de misión añade : «Las dificultades que hay allí no nos dan miedo, porque puede más la confianza que tenemos en Dios».
Su envío se trata de una misión diocesana, que representa a la totalidad de los fieles cordobeses, a quienes los nuevos misioneros piden «el apoyo de la oración, por un lado, y también la ayuda material por el otro». «El sitio a donde vamos tiene muchas necesidades en cuestiones como alimentación, sanidad y educación», aseguran los misioneros en una petición de ayuda a los fieles de la diócesis de Córdoba.




