U nuevo curso abre sus puertas. Pero en la provincia de Córdoba habrá pasillos vacíos, niños viajando en autobús a las siete de la mañana en busca de una educación para el futuro y maestros que ven cómo cierra sus puertas el lugar donde llevan toda una vida formando a generaciones de chavales. «Se empieza cerrando una unidad escolar y se acaba clausurando el colegio», vaticina Anastasio Muñoz, presidente del AMPA del Colegio Santa Catalina de Fuente la Lancha. El goteo es constante y parece imparable. Los niños de los municipios más pequeños, con un puñado de habitantes, se van quedando sin un lugar en sus localidades para recibir una formación elemental. Algunos colegios cerraron, otros lo hacen este curso y muchos ven cómo el futuro pinta cada vez más negro. No nacen niños en los municipios y mantener un centro en el pueblo es cada día más complicado.
Tres años lleva sin escuela El Vacar. La falta de niños hizo que cerrara el núcleo del colegio rural Vía Augusta de esta aldea de la sierra cordobesa. Un lugar donde viven 200 personas y sólo hay 10 niños. La escolarización es una obligación y un derecho, pero desde que se acabó el colegio ir a clase es una aventura diaria. Los niños fueron reubicados en Villaharta o en Obejo. Lugares a los que muchos llegan después de un pesado viaje y con paradas en El Vacar, en el Cruce de Villaharta y en la Central Térmica de Puente Nuevo para recoger más niños. «Un trayecto por una carretera muy mala y con poca visibilidad. La niebla siembre la cubre por las mañanas», explica Agustín Sánchez, padre de El Vacar. Otros prefieren que sus hijos no vayan en autobús y son ellos los que los llevan a la escuela cada día. Fernanda Domínguez se levanta a las siete de la mañana y se «convierte en taxista de sus hijos» para llevarlos al colegio en Córdoba.
Este año
En Huertas Bajas, pedanía de Cabra, este curso se ha cerrado el colegio después de medio siglo de actividad. Tomás Arroyo, presidente de la asociación vecinal de esta aldea, cuenta que lo construyeron los vecinos con sus manos. El pasado mes de mayo protestaron en la Delegación de Educación y se manifestaron en Cabra para evitar el cierre de un centro que acogía a unos ocho niños por curso. Ahora los padres ven cómo un autobús recoge a sus hijos y los lleva al colegio Andrés Cervante de Cabra.
Ante esta situación saltan las preocupaciones. Los padres, poco acostumbrados a que sus hijos tengan que desplazarse, temen incidencias en el trayecto. María del Carmen López, ex presidenta del AMPA Vega de la Sierra de Huertas Bajas, explica que el año pasado el autobús no tenía cinturones de seguridad. «En su ruta pasaban por la carretera Vieja de Carteya. Esta es una vía sin señalizar, no tiene arcén y a lo largo de la carretera discurre el río Santa María que con las lluvias suele desbordarse. El vehículo tiene que pasar por esa zona cargado de niños», dice María del Carmen.
Otros colegios no han desaparecido, pero la evolución de la población de estos lugares comienza desvelar una especie de sentencia. Municipios en los que no nacen más de ocho niños al año comienzan a creerse condenados. Sin infancia en sus calles y con una juventud que abandona el nido en busca de nuevas oportunidades, la provincia de Córdoba cuenta con localidades que empiezan a vislumbrar en el horizonte la pérdida de sus colegios.
Un futuro negro
Dos niños van a ingresar este año en el colegio Santa Catalina de Fuente la Lancha. Una escuela en la que han empezado el curso sólo 17 alumnos. «El futuro lo veo negro porque si seguimos con este ritmo se cerrará. No sé decirte en cuanto tiempo, pero el futuro parece claro», explica Anastasio Muñoz. Este lamento es el reflejo de la evolución de la pirámide poblacional del municipio. Hace cuatro años el pueblo tenía más de 500 habitantes, este año hay 374 censados. Un descenso que hace diez años provocó la pérdida de las unidades de primero y segundo de ESO.
Esta situación es la que intenta evitar el AMPA de Villaralto. A partir del año que viene los alumnos de los primeros cursos de Secundaria del colegio Nicolás del Valle viajarán al IES Cecilio Jiménez de El Viso a seguir cursando sus estudios. Este año se han incorporado tres niños al colegio en Villaralto, aunque para los años venideros se espera que el número no baje de nueve. «Lo normal que es que no haya más de cinco niños por año», cuenta Antonio Martín, presidente del AMPA San Pedro de Villaralto.
Antonio Martín no ve el colegio en vías de extinción. «Tenemos 60 alumnos y eso es algo que nos pilla muy lejos. La desaparición de este colegio sería muy a largo plazo, aunque sí es verdad que cuando se lleven los niños de Secundaria va a bajar el número y vamos a estar en torno a los 50 chavales en la escuela».
Mientras ese goteo de cierres sigue produciéndose nadie sabe dar una solución. Martín apunta a la base del problema: «No hay niños porque los jóvenes se van a buscar trabajo, sin posibilidades nos marchamos».
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