Corren malos tiempos para el bolsillo. Desde el año 2008, cuando la crisis comenzó a golpear la economía, las familias cordobesas han visto cómo los impuestos municipales han seguido el camino inverso al de sus sueldos. Mientras los recibos y contribuciones acumulan una subida de en torno al 11 por ciento entre 2008 y 2011 —para el próximo ejercicio se bajara un incremento del alrededor del 3 por ciento—, los salarios han menguado. La subida media pactada en los convenios colectivos se ha situado por debajo de la inflación, siguiendo la máxima de la moderación salarial que reina en tiempos de zozobra.
En dicho cuatrienio, los precios se han incrementado en la provincia de Córdoba un 7,9 por ciento, más de dos puntos por debajo de la escalada que experimentará la presión fiscal en la capital si se toman como referencia la tasa interanual del Índice de Precios al Consumo (IPC) al acabar cada año desde 2007 y la última disponible de 2010, que corresponde al mes anterior.
Hasta agosto pasado, el IPC —que mide las fluctuaciones del coste de la vida— se situó en un 2%. En 2009 el Consistorio aprobó un plan de saneamiento —por imperativo legal— para evitar la quiebra técnica de las arcas y enjugar los déficit millonarios que acumuló en anteriores ejercicios. Entre otras recetas, este documento recomendaba incrementar los tributos el doble de la inflación actual, un 4%, para mantener el actual nivel de servicios, así como recortar de forma severa los gastos de funcionamiento interno y las inversiones.
La política fiscal en el actual mandato, que se inició en 2007 y que ha estado marcado por sucesivas revisiones impositivas, viene determinada por el citado plan de rectricciones, que se prolonga hasta 2015. En este contexto, al cabo de tres años de desplome de los ingresos, el margen de maniobra en el que se mueve el Consistorio es cada año más estrecho. Esta situación maltrecha de las arcas es fruto de los excesos en el gasto contraído en los últimos ejercicios, que se han traducido también en más deuda con los bancos y cajas.
Parón inmobiliario
Las previsiones de ingresos que se realizan al inicio de cada ejercicio —y que se recogen por escrito en los presupuestos— se quedan cortas año tras año, desde que irrumpió la crisis. No en vano, en torno a un tercio del dinero que entraba en las arcas estaba ligado al «boom» del ladrillo, que ahora cotiza a la baja, como demuestra el parón que sufren nuevos planes residenciales e industriales proyectados en la ciudad.
Como a perro flaco, todo son pulgas, a la caída de ingresos se suman las drásticas restricciones impuestas por el Gobierno a los ayuntamientos más endeudados, entre los que se hallan Madrid, Valencia, Málaga o Córdoba, a los que les prohíbe pagar inversiones con préstamos en 2011.




