R. A.
CÓRDOBA
La Policía Local lleva un mes apercibiendo a las familias rumanas que se han asentado en el tramo de la Ronda Norte cuya construcción corresponde a Marín-Hilinger y que lleva dos años parada por los problemas económicos de la empresa. Fuentes municipales informaron ayer a este periódico que «al menos una familia extranjera ha hecho caso a las recomendaciones de los agentes y se ha marchado», pero dos familias más, en total unas seis o siete personas, siguen viviendo en la carretera urbana a medio construir.
Estas mismas fuentes indicaron que el cuerpo de seguridad dependiente del Ayuntamiento continuará insistiéndole a estos rumanos de etnia gitana para que abandonen la Ronda, pero no concretaron si se procederá a su desalojo en el caso de que los inmigrantes no dejen el lugar que han convertido en su vivienda.
Hay que recordar que el alcalde, Andrés Ocaña, asumió a finales del pasado agosto que la intervención del Consistorio es inevitable debido al contencioso abierto con la constructora desde hace dos años por la paralización de las obras.
En cuanto a la posibilidad de que estos grupos se desplacen a otras zonas de la ciudad para levantar un nuevo campamento una vez que se marchen de las obras de la Ronda Norte, Ocaña se limitó a afirmar que «son ciudadanos europeos, y como tal, pueden moverse con libertad».




