Llegó tranquilo, acompañado de varios familiares y no tuvo reparos en atender a los medios de comunicación apiñados en los accesos a la Ciudad de la Justicia de Málaga. Rafael Gómez, uno de los dos empresarios cordobeses imputados en el Caso Malaya junto a José María Enríquez, se mostró ante la Prensa fiel al perfil que los ciudadanos conservan de él por más que sus apariciones en la escena pública hayan sido muy escasas desde que se le relacionó con la trama corrupta de la Costa del Sol.
«Estoy aquí por no haber hecho nada», dijo el propietario de Arenal 2000 a los periodistas a su llegada a los juzgados. «¿Nada?», le insistió un reportero, a lo que el empresario respondió tajante: «Nunca me he llevado nada de Marbella». Gómez se enfrenta a 18 meses de prisión y al pago de una multa de 1,2 millones de euros por un supuesto delito de cohecho activo: la acusación considera que pagó 600.500 euros al cerebro de la trama, Juan Antonio Roca, a cambio de que éste hiciera la vista gorda con las obras de reforma de unas oficinas en el Paseo Marítimo de la ciudad costasoleña que iban en contra de la normativa urbanística y para las que carecía de licencia.
Gómez —que se mostró calmado en todo momento durante la primera jornada del juicio, que se limitó a resolver cuestiones preliminares y en la que no hubo declaraciones de imputados—, aseveró que «nosotros confiamos en la justicia y sólo tenemos que esperar el veredicto», al tiempo que recordó que él sólo se considera «un trabajador, por lo que estoy tranquilo». «Empecé a los tres años a trabajar y he conseguido tener una empresa con diez mil empleados entre directos e indirectos», resumió. «Soy un señor», sentenció el empresario de Cañero ante los reporteros.
«He estado cinco años trabajando en Francia de inmigrante y resulta que he llegado a esto en referencia a su posición empresarial actual», aseveró. Para finalizar su comparecencia ante los periodistas, Gómez acudió a un lugar común en sus argumentos: «Quiero decir que yo he sido una víctima, aunque creo que la principal víctima de todo esto ha sido mi familia». Un periodista le preguntó que si él se consideraba una víctima, quién era el verdugo: «No lo sé, sólo sé que estoy aquí», dijo antes de dirigirse a la cafetería del Palacio de Justicia, donde desayunó con sus acompañantes. Por su parte, José María Enríquez, que se enfrenta a una petición de 8 años de cárcel, no atendió a la Prensa.





