RAFAEL CARMONA
Antonio Guerra posa en la sede de ABC.
Antonio Guerra, director titular del colegio Compañía de María en Puente Genil, afronta el inicio del curso escolar con la ilusión de un camino apasionante que acaba de empezar. «Ése debe ser el sentir del educador. Si no es así, mejor que no se dedique a esto», explica este profesor seglar que imparte Matemáticas, Ciencias Naturales y Religión. Lleva 27 años vinculado al colegio pontanés donde ha sido jefe de estudios, director pedagógico durante 17 años y director titular los últimos tres cursos. Una labor que ha compaginado con la vicepresidencia de Escuelas Católicas en Córdoba, que agrupa a Federación Española de Religiosos de Enseñanza y Educación y Gestión. Tras la marcha en junio del presidente, Antonio Herrera, ex director del colegio Santa María de Guadalupe, a un nuevo destino en Extremadura, Guerra ha asumido la presidencia en funciones de la patronal en la provincia, que agrupa a 54 colegios, 2.300 trabajadores y 23.500 alumnos. En estos momentos, está rehaciendo su ejecutiva y en enero elegirá a su nuevo presidente.
—¿Cuáles son los retos de este curso en las Escuelas Católicas?
—Aún estamos adaptándonos al programa TIC 2.0 (que dota con un ordenador portátil a los alumnos y digitaliza las aulas), implantado por la Junta de Andalucía el curso pasado. La concertada está sufriendo desigualdad respecto a la pública en la puesta en marcha del plan porque a nuestros alumnos le dan el ordenador portátil, pero el equipamiento de las aulas, con cañón y pizarra digital, y la formación del profesorado las deben asumir los centros y no tenemos suficientes recursos. Poco a poco, vamos implantando el programa gracias a la firma de convenios.
—¿Cómo afecta la crisis económica a sus colegios?
—En el momento que los padres están en crisis, nosotros estamos en crisis. Sin embargo, no estamos dispuestos a rebajar la calidad de nuestra enseñanza. Nuestros profesores ya han sufrido los recortes salariales de la Junta de Andalucía y hay centros que han tenido que pedir préstamos para afrontar sus gastos y hacer reparaciones, especialmente en los tejados debido a las lluvias del curso pasado. En 2007, la Junta prometió más recursos para la concertada en los acuerdos para el desarrollo de la Ley de Educación de Andalucía (LEA). Pero los fondos siguen sin llegar.No tenemos acceso al programa de bilingüismo, ni a la formación en tecnologías, ni ayudas a las familias para el comedor o el transporte escolar, tal y como se prometió. A veces se nos tacha de elitistas, pero nuestros alumnos proceden de todos los grupos sociales. El único elitismo es el de nuestro carácter propio, el católico.
—De cara a este curso, ¿qué le pediría a la Junta?
—Que lo pactado se cumpla.
—La Consejería de Educación quiere fijar un cupo para que la concertada escolarice a más alumnos extranjeros. ¿Qué opina de la medida?
—Obviamente no estamos de acuerdo con este planteamiento. Creemos que todos los alumnos son iguales y tienen los mismos derechos. Además, es un discurso con doble rasero porque quieren que tengamos más alumnos extranjeros, pero por otro lado nos niegan los recursos para atenderlos. Todos los años nos rechazan la petición de ayudas a apoyo a la integración y tampoco tenemos personal de apoyo lingüístico.
—La Administración defiende el concepto de centros sostenidos con fondos públicos. Sin embargo, en materia de financiación y recursos sigue distinguiendo entre pública y concertada.
—En Educación no deben primar los planteamientos políticos, sino los educativos. Hay que tener una visión amplia y social, y no podemos encerrarnos en el discurso «yo soy de la pública» o «yo soy de la concertada».
—En este sentido, Escuelas Católicas siempre ha defendido la necesidad de un pacto educativo. ¿Lo cree posible?
—La verdad es que ahora mismo es complicado porque estamos en periodo electoral.




