Córdoba

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El arquitecto de las sombras

IU «vende» a su candidato, Andrés Ocaña, como el «motor» de Córdoba desde 1999, aunque en un plano secundario. Obvia los numerosos fiascos que protagonizó en su gestión anterior en Urbanismo

Día 16/10/2010
Se cumple una semana desde que IU «diera a luz» a la «versión 2.0» de Andrés Ocaña. En la puesta de largo del regidor como su alcaldable, la idea- fuerza fue promocionarle como el «arquitecto» en la sombra de la ciudad los últimos tres mandatos. Es una estrategia para lanzarle y restar importancia a la labor de la «fugada» Rosa Aguilar al frente de Córdoba.
En IU, lo «venden» como el «motor permanente de la capital durante doce años». Lo que obvian es que se ha «calado» y «gripado» más de una vez desde 1999, cuando empezó a tener cargos de gobierno en Capitulares. Por seguir con el símil automovilístico, lejos de lo que promociona la coalición, su historial no es el de un «piloto» de la ciudad inmaculado.
Su carrera se empezó a torcer en 2003 al ponerse al frente de la Gerencia de Urbanismo. La dirigió hasta que la dejó para tomar en mayo de 2009 el bastón de mando que dejó tirado Aguilar. En esos seis años, no fue capaz de impulsar el equipamiento estrella del Consistorio y de dicha Gerencia: el Centro de Congresos, que hoy sigue sin fecha para su primera piedra. Y no sólo no ha podido traerlo al mundo, sino que certificó la defunción de su primer diseño: el Palacio del Sur. Ferrovial, adjudicataria y futura explotadora del proyecto, tiró la toalla en mayo de 2008 después de que su presupuesto se disparara a 171 millones. Y Ocaña se vio abocado a renunciar a la filosofía de la iniciativa: «coste cero» para las arcas públicas.
Su precio actual es de 68 millones, que abonarán las Administraciones. De ellos, 41 debe ponerlos el Ayuntamiento, pese a la delicadísima situación de sus arcas. Eso sí, peor aún le fue al recinto ferial con Ocaña. De él, sólo queda una maqueta.
El actual regidor también fue el «arquitecto» de 2003 a 2009 de la reconstrucción del estadio El Arcángel. Como en el Centro de Congresos, la iniciativa privada iba a poner el cheque. A cambio explotaría la futura «Ciudad del Ocio»: un hotel y zonas comerciales en el entorno del campo. Ocaña se topó con que la urbe del entretenimiento no interesaba a nadie. Por eso, la «ronda» de obras de El Arcángel, que acumulan una demora de años, la paga el Consistorio. Lleva ya 42,5 millones y aún resta la tribuna. Son seis más de lo que se anunció que iba a costar la reconstrucción entera.
Y una cuestión de la que se siente muy orgulloso de su paso por Urbanismo también arroja sombras. Repite una y otra vez que la capital ha triplicado su oferta de suelo industrial. Lo que no dice es que parte de dicha oferta aún está tramitándose. No en vano, el problema es que durante el «boom» económico, cuando Ocaña conducía la Gerencia, se gestionó lentamente el aumento de suelo industrial. Su escasez era tal que se dio una fuga de empresas. Y ahora, cuando Córdoba pone en carga espacio para negocios, la crisis hace que no haya firmas que deseen implantarse.
Escándalos
Pero, sus fracasos en sonados proyectos palidecen al lado de los escándalos que vivió en Urbanismo. Todo empezó en agosto de 2003, cuando el empresario Rafael Gómez inició sin licencia la reforma de las instalaciones de Colecor, vieja cooperativa lechera, para convertirlas en la sede de una de sus firmas, Arenal 2000. La Gerencia ordenó parar las obras, pero Gómez siguió con ellas y las acabó.
Fue un calco de lo que iba a suceder a gran escala. ABC desveló en junio de 2005 que Gómez construía sin permiso 40.000 metros de naves en Colecor. La Gerencia no paró nunca los trabajos y luego le impuso la «mayor multa de Europa» (24,6 millones), que aún hoy no se ha logrado cobrar.
A partir de este caso, el PSOE se volcó en denunciar trato de favor del Consistorio a obras de Gómez. Ocaña, muy tocado, se planteó dimitir en enero de 2006, pero no lo hizo. Y aún le quedaba la comisión de investigación sobre el urbanismo municipal que arrancó meses después. Se saldó con un relato de despropósitos: 500 chalés sin licencia hechos por Arenal 2000 en la Carrera del Caballo; enorme falta de personal en Urbanismo para tramitar las sanciones...
Pero, Ocaña sobrevivió a esto, y a más. Porque el TSJA tumbó en 2008 el plan especial de Carretera de Palma, el que daba cobertura a las naves de Colecor y cuya segunda redacción trae estos días cola.
Ese mismo año, le salpicó un grave escándalo. ABC desveló en enero que un matrimonio de policías locales, adscritos a la Unidad de Disciplina Urbanística, y otro agente, escolta de Aguilar, se habían construido casas ilegales.
Ocaña acabó reconociendo que Urbanismo conocía el caso desde diciembre de 2007, pero no actuó, porque, sostuvo, atañía a la Policía Local y no a la Gerencia investigarlo.
Pero, no sólo en la «gatera» de Urbanismo se dejó pelos. Su papel de sempiterno «número dos» de la alcaldesa le supuso controversias por la movida, por la venta ambulante o por su respaldo a la edil Ana Morales tras su polémico viaje a Venezuela, subvencionado con fondos municipales.
En la década que fue mano derecha de Aguilar, tampoco tuvo problema en enfrentarse con la propia IU, pero sin dañar nunca sus excelentes relaciones con su organización, con la que ahora se da «besos de tornillo». En 2005, por ejemplo, Aguilar sin contar con su partido «fichó» como edil no electo a Alfonso Igualada, que fue miembro de Nueva Izquierda (escisión de la coalición que acabó en el PSOE). En IU sentó muy mal y se lo reprochó a la regidora. Ocaña salió a la palestra a pedir a su partido «cordura».
Ahora, eso en la coalición se debe recordar como «peleíllas de novios». IU ama a su arquitecto en la sombra, aunque haya quien le vea más bien como un arquitecto de las sombras.
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