«EN un libro muy interesante, publicado hace treinta y ocho años por Don Teodomiro Ramírez de Arellano, y dedicado a todo el a Córdoba, hácese historia de las célebres ermitas o Desierto de Nuestra Señora de Belén, que el autor mencionado califica como “el sitio más notable que hay en el término de Córdoba, al par que el más frecuentado por cuantos forasteros nos visitan”. Hubo en la sierra cordobesa, desde los más remotos tiempos del cristianismo, ermitaños o anacoretas que se albergaban en cuevas o casitas rústicas. En el Santoral, y como mártires de Córdoba, figuran muchos de ellos».
Éste es el comienzo de un artículo publicado en la revista Blanco y Negro de ABC el 15 de octubre de 1911. Ha pasado casi un siglo y las ermitas siguen siendo un reclamo para miles de cordobeses, fieles devotos y amantes de la naturaleza. Y van camino de convertirse en aquel sitio tan notable que describía Ramírez de Arellano. Ése es el sueño y la ilusión de la Asociación de Amigos de las Ermitas, que lleva 27 años luchando para revitalizar y devolver su esplendor a esta joya de la sierra cordobesa, que entró en declive tras la desaparición de los ermitaños y el paulatino deterioro y ruina de las ermitas.
Fue la ilusión de unos pocos cordobeses, idealistas donde los haya y movidos por la nostalgia, quienes, sin ningún medio económico ni apoyo de institución pública alguna o privada, emprendieron la inmensa tarea de recuperar este lugar tan emblemático que, con la desaparición de los ermitaños, se iba hundiendo paulatinamente en el olvido. Hubo un momento en el que la ciudad parecía haber dado la espalda a este paraje, donde sus ermitas se caían a pedazos, víctimas del abandono y de la ruina.
Los Padres Carmelitas, que a la extinción de los eremitas habían recibido aquel legado, aún con toda su buena voluntad, poco podían hacer para conservar y restaurar las 14 ermitas. Pero ahí estaba la naciente asociación formada en sus inicios por una veintena de personas que, cada vez que subían al Cerro de Nuestra Señora de Belén y veían tanta degradación y abandono, sentían que aquello no podía perderse después de siglos de historia. Ahora son unos 1.200.
El objetivo de los Amigos de las Ermitas no es sólo levantar ladrillos. Ellos quieren que los edificios reconstruidos en este paraje tan divino, donde el silencio se oye, sea disfrutado y vivido por personas que buscan la paz en el corazón y con ella a Dios. Y por eso, de acuerdo con la Orden Carmelitana, se preparó una pequeña hospedería, siendo su próximo objetivo el continuar habilitando algunas ermitas donde poder vivir en cierto modo la vida eremítica, lo que está ya siendo demandado por muchas personas.
Actualmente, hay cuatro ermitas acondicionadas y disponibles para todos aquellos que quieran retirarse a este remanso de paz. Desde la asociación se recuerda que este enclave no es un lugar para el turismo rural. De hecho, las celdas no tienen ni clavijas para la luz. Están acondicionadas para lo que se construyeron: el retiro espiritual. Y además, a unos precios casi simbólicos, porque lo que se persigue es volver a restaurar la tradición de la reflexión interna y el cultivo de la paz espiritual, que fueron la razón de ser de estas instalaciones.
La ilusión de los amigos de este paraje es llegar a 2016 con todas las ermitas restauradas. De las 14 originales, una desapareció para ubicar en su lugar el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, y de las otras trece se restauraron once. Ahora faltan dos por rehabilitar, con un presupuesto que ronda los 60.000 euros cada una. Y si siguen si apoyos económicos, tanto por parte de lo público o lo privado, la asociación continuará con los ocho euros anuales de cada socio como único ingreso para lograr la restauración. No cejarán en su empeño.
Y es que la ilusión es máxima. Ahora, preparan la publicación de una página web dedicada a este paraíso de la Sierra de Córdoba, en la que colgarán la historia de las ermitas y documentos hasta ahora desconocidos. A través de esta web se promocionará también la puesta en valor de las ermitas restauradas y disponibles al público. Y se difundirá el trabajo de la asociación para mantener vivo el espíritu del ermitaño o anacoreta. Entre ellos, las visitas guiadas realizadas el último domingo de cada mes, después de la misa de diez, donde se recorre el monte siguiendo la ruta de las ermitas entre el silencio y rodeados de la madre naturaleza.
Otro de los objetivos es difundir entre los cordobeses este legado olvidado. Son pocos los que conocen, tal y como se recogía en el artículo de 1911 de ABC, que el hermano Francisco de Jesús fue el fundador del Desierto. En el citado texto se recoge la historia de su creador que se reproduce a continuación. «Fue en su juventud soldado de Marina, en la época de Carlos II, y renunció a continuar en el servicio por haber visto el horroroso fin de un compañero suyo, a quien, durante un combate, partió en dos una bala de cañón, que se llevó la mitad del cuerpo al agua. Francisco de Jesús, que por este solo nombre se le conoce, hizo en aquella ocasión voto solemne de dedicar su vida al silencio y a la penitencia, como lo efectuó poniéndose, una vez libre del servicio de la Armada, bajo la dirección de su santo paisano, el Beato Francisco de Posadas, y luego a la del hermano Cristóbal de Santa Catalina, a la muerte del cual se retiró al Desierto de la Albaida.
La fama de su santidad le elevó a la presidencia de sus compañeros, y por iniciativa suya se construyeron las 13 ermitas aún existentes y otras obras de gran consideración».
Así se narra de forma breve, concisa y precisa, como mandan los cánones del buen periodismo, la creación de este paraje. Ahora, las nuevas generaciones han de tomar el relevo para que este retazo de historia de la ciudad no quede silenciado.




