Córdoba

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«No nos pueden abandonar»

Vecinos de las parcelas anegadas lamentan que el Ayuntamiento «no se está volcando» con ellos como en febrero

Día 11/12/2010 - 10.47h
«Un algo». Eso es lo que pide María del Mar Antares. Cuarenta y dos años, separada y con dos hijos, ambos de menos de diez años y ambos sorteando el barro de la parte trasera de la parcela en un día laborable. Lectivo. «En estas condiciones no se puede ir al colegio, ahora lo prioritario es quitar el lodo», dice. «Un algo», insiste. «El Ayuntamiento o el Gobierno tienen que darnos un algo, como hicieron en febrero, porque no nos pueden abandonar de esta manera». En los extremos de dos palos de escoba ha colocado un par de limpiaparabrisas. Los dos niños usan el apaño para quitar el barro de la balaustrada. «No hay derecho», se enfada. «Llevamos dieciocho años viniendo aquí todos los fines de semana, que en el piso los críos se asfixian, invirtiendo todo nuestro dinero en ponerlo a nuestro gusto, y ahora nos coge esta desgracia».
Asiente a su lado otro vecino de la parte baja de Fontanar de Quintos. «Los políticos no tienen vergüenza: en vez de dar dinero a las criaturas para que arreglen esto van y se lo dan al aeropuerto», interviene. Ya en los carriles entre casas, el paisaje es igual de desolador. Caminar sin botas de agua es más que una temeridad. Pedro Tena, el dueño de una vivienda alfombrada de fango, lo advierte: «Iros a comprar unas katiuscas, que si no de aquí no salís». Abre las puertas de su propiedad. «Una ruina», resume este hombre que debe de pasar de los sesenta años. Su hijo le ayuda a adecentar la vivienda, amplísima, con calefacción y aire acondicionado, con puertas lacadas y una balconada generosa hacia la zona posterior, en la que hay una piscina de obra y dos viviendas más, estas de menor tamaño. «Son las de mis hijos: cuando se casaron, en vez de comprarse un piso, se hicieron esto, que la cosa está muy mala y además así estamos todos juntos».
Explica que con lo que le dieron en el año 2000 por su piso del Parque Figueroa levantó la casa principal, de dos plantas, y financió la piscina. «Todo lo que he ganado en mi vida lo he invertido aquí», acierta a decir con pesadumbre. Uno de sus hijos, el mayor, muestra cómo ha quedado una de las dos viviendas auxiliares. Los muebles bajos de la cocina apenas se distinguen por el barro, el tresillo está deshecho y los electrodomésticos han quedado inservibles, asegura antes de quejarse sobre la actuación del Consistorio. «En febrero se volcaron con nosotros, no había que ver nada más que la cantidad de maquinaria que trabajaba entonces por la calle, pero ahora no hay ni una, y eso porque las empresas no han cobrado del Ayuntamiento y se niegan a venir otra vez», lamenta. El comentario es común a muchos vecinos afectados por la riada, tanto como la convicción de que, más que la furia de la naturaleza, a quien hay que culpar de los sucedido es a la Agencia del Agua, dependiente de la Junta.
Crític as a Paniagua
Alejandro Alcántara, también inquilino de Fontanar de Quintos, se enfurece cuando habla del citado organismo. «Y para más inri su gerente se apellida Paniagua», bromea con acidez. Su familia y él llevan todo el día limpiando la casa. «Primera residencia desde el primer día», observa. Es una construcción amplia, aunque modesta, nada que ver con otras de la misma calle levantadas con un ánimo de clara ostentación. «Yo nunca he tenido los doscientos mil euros que cuesta un piso medio qué en Córdoba, así que me tuve que venir aquí, aunque me llamen ilegal y sea verdad que lo sea, pero es que además de ilegal soy persona».
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