El ex presidente de Cajasur, Santiago Gómez Sierra, rompió ayer su largo silencio con motivo del anuncio oficial de su designación como obispo auxiliar de Sevilla, avanzada por ABC. Sostuvo que el expediente del Banco de España a 35 ex consejeros, entre los que está él, y 5 ex consejeros de la entidad no supone «una preocupación excesiva». De hecho, se declaró «tranquilo» ante él.
Gómez Sierra tuvo un arduo «bautismo»: todas las preguntas de la prensa estuvieron vinculadas con los tres años y medio que dirigió la caja —de enero de 2007 a mayo de 2010—. Así, se refirió por primera vez al proceso disciplinario a 40 ex altos cargos de la entidad por cuatro conductas punibles: deficiencias en el control de la caja; situación de Cajasur por debajo de los recursos exigidos por ley; superación de los límites de riesgos; y negativa a la operación con Unicaja, lo que provocó su intervención.
Sostuvo que el expediente no «encierra una preocupación excesiva» ni para él ni para el resto de encausados. Ello se debe a que, argumentó, «no se nos acusa de ningún delito». «Lo que reprocha el Banco de España es una política de riesgos en la entidad y de control de estos, que juzga equivocada», reflexionó para añadir que «a eso responderemos y mostraremos lo que el consejo, no únicamente yo, sino todos sus miembros, estuvo haciendo, queriendo corregir y sacar adelante la caja». El Banco de España facilitó el pliego de cargos a finales del pasado mes y los encausados tienen un mes para alegar.
Sólo 12 ex consejeros están imputados por las cuatro faltas detectadas. De ellos, seis son del Cabildo —fundador de la entidad—. Cada uno de ellos podría tener que pagar hasta 540.000 euros. Gómez Sierra se declaró «tranquilo» en cuanto al expediente. Indicó que responderá a la responsabilidad que tenga que afrontar: «Ninguna preocupación en ese sentido».
Y recuperó argumentos ya conocidos para explicar lo sucedido en Cajasur, intervenida por su delicadísima situación y vendida a BBK, que la ha transformado en un banco. Así, sostuvo que un análisis con «justicia» implica entender que la caja se vio envuelta en el «contexto» de la crisis. Luego, reveló que «no me ha dolido ninguna crítica», en referencia al aluvión de acusaciones hacia el Cabildo de la Junta y el PSOE, que le responsabilizan de la desaparición de la entidad. Este órgano eclesiástico lideró la mayoría que en el consejo del 21 de mayo tumbó la unión con Unicaja. Esta operación la respaldaba la Administración regional en busca de su anhelado proyecto de «gran caja» andaluza.
Decisiones «unánimes»
Ante eso planteó que, «igual que respetamos» la posición de los representantes políticos en esa fecha —los miembros del consejo de PSOE e IU, así como uno de los dos del PP— de apoyar la fusión con la entidad malagueña, «se puede pedir que se respete la postura de la Iglesia».
Gómez Sierra se reafirmó en la posición que tomó el Cabildo en ese crítico día: «Hizo lo que tenía que hacer, defendiendo a los trabajadores, los impositores, la Obra Social y el territorio de la caja». Este órgano eclesiástico rechazó aprobar la fusión, porque tras cuatro meses de negociación se llegó a la fecha límite dada por el Banco de España para aprobar la operación sin un acuerdo laboral por escrito que fijara el recorte de personal en Cajasur. El Cabildo ya no pudo volver a «poner la otra mejilla». Había crecido demasiado la desconfianza de la Iglesia hacia el presidente de Unicaja, Braulio Medel, que hasta el día en que la operación hizo «crack» intentó cambiar las condiciones del protocolo de unión de julio de 2009.
De hecho, Gómez Sierra, con un lenguaje religioso, recalcó su defensa de la postura del Cabildo con un razonamiento empleado desde la intervención: la Iglesia perdió su caja con tal de no aceptar una fusión que creía perjudicial, entre otros, para sus trabajadores. Así, apuntó que, cuando fue presidente, verificó que «el camino del Evangelio» es válido en una caja: «El desapego a los bienes temporales y tener presente siempre el bien común antes del propio. Eso es fuente de libertad y de poder tomar decisiones ponderadas».
Además, quiso dejar claro, como compartiendo la responsabilidad de lo sucedido en Cajasur hasta la votación de la unión, que en la caja «siempre» se tomaban las decisiones por «unanimidad, excepto la última».
Eso sí, descartó que su designación sea un reconocimiento: «Nunca he pensado que este nombramiento era un premio por un ministerio o por otro». Sin embargo, a nadie se le escapa que ha sido el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, quien ha promovido su designación como su auxiliar. Y Asenjo ya tuvo el tiempo que ocupó la silla de Osio a Gómez Sierra como un estrechísimo colaborador. Con él, volvió al puesto de vicario general de la Diócesis de Córdoba —su «número dos»— de 2004 a enero de 2007, cuando pasó a presidir Cajasur, como le encomendó Asenjo.





