Córdoba

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Bocadillos de toda la vida

La bocatería de Conde de Cárdenas, 7 ha cumplido ya medio siglo desde que comenzó con su famoso «Caballito de jamón»

Día 27/12/2010 - 09.25h
La Taberna San Zoilo fue el germen de lo que hoy es toda una institución gastronómica en Córdoba, Bocadi. En este rincón de San Miguel comenzó a servir junto a los medios de Montilla-Moriles los denominados «caballitos de mar», un exquisito bocado de pan frito con jamón. Rafael Sánchez de la Haba inició en el año 1947 su andadura en la hostelería a pequeña escala. Su especialidad eran los bocadillos pequeños. Tanto era así que el decorador Rafael Pineda, amigo suyo, le sugirió que al negocio que abriría una década más tarde en el número 3 de Conde de Cárdenas le denominara «Bocadi».
Hoy pocos cordobeses son los que no conocen esta «boutique» del bocadillo junto a la plaza de la Compañía de la capital. Estudiantes, cofradías, sindicalistas o novicios..., todos sucumben ante un bocado de jamón con tomate, tortilla, calamares con mayonesa o las excepcionales conservas de atún, anchoas o caballa.
Fue en una casa arrendada por 3.500 pesetas de los años 50, muy cara para la época, donde la familia Sánchez De la Haba gestó su verdadero negocio, el de los bocadillos. Al frente de la cocina se encontraba Concepción Aroca Luque que fue pasando desde las conservas al resto de recetas, con la introducción del beicon en los 80.
La artífice de la cocina rápida pero de calidad fue la madre de los actuales propietarios de Bocadi. Ella pasó de cocinar magistralmente el rabo de toro o los callos a la cocina de bocadillos.
Estos panecillos calientes con conservas de caballa, atún o anchoas se podían comer en el año 1959 por 1,75 pesetas, y ahora se pueden comprar desde un euro. A Bocadi va todo el mundo, es un lugar popular. Su clientela va desde el médico más prestigioso, a toreros como Pepe Romero o José Luis Torres o Chiquilín, pasando por cofrades, obreros y seminaristas. De las 9.00 a las 23.00 horas, ininterrumpidamente, las puertas de Bocadi están abiertas a estudiantes, turistas y vecinos que ya saben dónde se puede comer bien, rápido y barato, asegura Manuel Sánchez, uno de los hijos del fundador de Bocadi.
Manuel reconoce que es un trabajo sacrificado pero que se va de vacaciones una semana y ya echa de menos el negocio. De hecho, este verano fue a visitar a una de las conserveras de Santander que le sirve desde hace 30 años el atún, las anchoas y la caballa. Hasta hace poco tiempo, el establecimiento no cerraba ni en verano, sólo los domingos. El ritmo de trabajo es frenético. El patriarca les enseñó todos los secretos del negocio desde que Manuel contaba con sólo 10 años y se tenía que subir a una caja de cervezas para poder lavar vasos.
Son capaces de tener preparados 4.000 bocadillos a las 12 de la mañana madrugando desde las 7 para que en la marcha del Primero de Mayo todos los manifestantes tuvieran su tentempié. No es la única hazaña. Cada día reciben a cientos de estudiantes, y en Semana Santa, en la cola están costaleros, músicos y cofrades.
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