VECINOS y vecinas de Córdoba han formado la Asociación Grupo de Actuación Social con el objetivo de atender las carencias básicas de las familias con menos recursos y ofrecen su colaboración a las instituciones públicas para combatir entre todos los efectos de la crisis.
—¿Cómo son los nuevos pobres?
—Es gente a la que les da un enorme apuro y vergüenza reconocer que están viviendo a un paso de la miseria. Pidieron créditos y después perdieron su puesto de trabajo. Los bancos les amenazan con el desahucio y cada vez ven más cerca la posibilidad de quedarse sin piso y ahorros.
—¿Qué hacen?
—Deambulan por las calles de todos los barrios. No pueden llevar el sustento a sus casas. Son los padres, los abuelos de sus hijos, quienes les ayudan compartiendo con ellos el dinero de pensiones que en ocasiones rondan sólo los 300 euros. En febrero, según ha anunciado ya Zapatero, se acabará también el subsidio de 426 euros a los parados que han agotado la prestación por desempleo. Veremos entonces a miles de personas que no van a saber dónde recurrir.
—¿Qué se puede hacer?
—Arrimar el hombro. La única solución pasa porque nos ayudemos unos a otros. Si escondemos la cabeza bajo el ala, creyendo que estamos a salvo y que nunca nos va a ocurrir lo que hoy les sucede a muchos, cometemos un error.
—¿Ha aumentado la solidaridad entre vecinos?
—Se está perdiendo la caridad. Lo que empezó siendo una crisis financiera, y se convirtió después en una crisis económica global que tuvo como consecuencia inmediata el desempleo, está derivando ya en una grave crisis humana y social. No puede ser que aquí cada cual vaya a lo suyo. Si no cambiamos pronto el rumbo la crisis se va a transformar en algo crónico.
—¿Dónde ha advertido usted esa falta de solidaridad?
—Hace unos días, a una pareja de desempleados no les quisieron vender en una farmacia la medicina que necesitaban porque no tenían los 70 céntimos que les faltaban para pagar su precio. Por 70 céntimos. ¿Es que nos estamos volviendo locos?
—¿Cuándo se creó su asociación?
—La Asociación Grupo de Actuación Social se constituyó el pasado mes de mayo. La integramos cincuenta personas con ganas de ayudar a los demás y se sustenta gracias a rifas y a nuestra propia aportación económica. El objetivo que nos hemos marcado es echar una mano para paliar la difícil situación que padecen muchas familias. Tenemos claro que si todos ponemos nuestro granito de arena será más fácil salir de este problema.
—¿De qué forma han sido recibidos por las instituciones públicas?
—Contamos con el apoyo del Defensor de la Ciudadanía, Francisco García-Calabrés pero, por lo demás, hemos tenido más colaboración de palabra que de hechos. Nos dicen que no hay dinero. Incluso las sillas de nuestra sede nos las han prestado en un bar.
—¿Cómo consiguen mantener la motivación?
—Priorizando lo más urgente como puede ser la comida y el asesoramiento jurídico en caso de embargos. Pero necesitamos apoyo. La Asociación ha abierto una cuenta en la Caja Rural para obtener donaciones. Nuestra idea es implantarnos en toda la provincia.




