La tercera y última sesión del juicio contra Rafael Hidalgo Castro, «El Rafi», procesado por acabar con la vida de un vecino de Bujalance, José Reyes, en noviembre de 2008 tuvo como protagonistas a los agentes de la Guardia Civil que realizaron el informe de balística. Ante el jurado afirmaron que la munición que segó la vida de la víctima «es muy parecida» a la del arma utilizada por el acusado.
Los expertos señalaron que es imposible ser más concluyentes en este aspecto, puesto que el revólver de El Rafi carece de tallado al estar «trucado», con lo cual al ser disparado no deja las marcas características en la bala que hubiesen permitido garantizar que ésa fue el arma que mató a Reyes.
Por otro lado, también subieron al estrado los efectivos del Instituto Armado que hicieron la inspección ocular del lugar del crimen, la barriada de Santiago.
Hicieron una batida, pero «estaba todo oscuro y sólo vimos las manchas de sangre. No encontramos casquillos».
Igualmente, también testificó ayer un primo del procesado, que se pronunció en la línea del resto de familiares. Manifestó que el día de autos, el 9 de noviembre de 2008, y durante el transcurso de la reyerta entre los allegados de Rafael Hidalgo y los de José Reyes, Estos últimos agredieron a la madre y hermanos del encausado «con palos y botellas». También estaba allí El Rafi, que sacó su arma «y se le escapó un tiro, pero no estaba apuntando a nadie», indicó.
Tras la toma de declaraciones, llegó el momento de la lectura de los informes de las partes. Tanto el Ministerio Público como la acusación particular mantuvieron las penas solicitadas. Así, el fiscal solicita 17 años de cárcel por asesinato, otros dos años y siete meses por un delito de tenencia ilícita de armas y otros dos por atentado. El letrado que representa a la familia de José Reyes pide, por su parte, 25 años por un delito de asesinato y otros dos años y ocho meses más por un delito de tenencia ilícita de armas.
En cuanto a la abogado de Rafael Hidalgo, calificó los hechos como un homicidio imprudente, por el que solicita un año, y, subsidiariamente, a cinco años por homicidio con las eximentes incompletas de dependencia a las drogas y trastorno de la personalidad.
Frente a las conclusiones de Fiscalía y acusación particular, que consideraron probado que El Rafi acabó con José Reyes aprovechándose de su situación de debilidad, puesto que utilizaba muletas, y señalando que «el lugar en el que tiene que estar es la cárcel», la defensa realizó un relato diametralmente opuesto.
En primer lugar, puso de manifiesto la ausencia de un móvil y la concurrencia de la legítima defensa. «Actuó para proteger a su familia», manifestó.
Citó el informe de los psiquiatras, que pone de manifiesto el trastorno que sufre el acusado. «Es un psicópata y lo dicen los forenses; es necesario someterlo a un tratamiento y no ingresarlo en prisión porque empeorará».
Igualmente, puso en tela de juicio las declaraciones de los familiares de Reyes, «automáticas, aprendidas y diferentes a las que prestaron ante la Guardia Civil. Esta prueba no vale un pimiento», dijo. Y sobre el disparo, recordó que «la distancia desde la que se efectuó no ha sido medida».
El juicio quedó visto para sentencia y, con toda probabilidad, mañana se conocerá el veredicto del jurado.



