Desde hace unos años, Córdoba es una ciudad de proyectos virtuales y de maquetas que no terminan de concretarse en la realidad mientras sus solares esperan el momento en que comiencen obras o se cierren las financiaciones. De entre ellos, tal vez el más virtual de todos sea la nueva sede del Museo de Bellas Artes, que por no tener ni tiene proyecto, ni una parte del suelo en que se tiene que construir y, pese a todo, se sigue hablando de él como si se fuera a construir de un momento a otro e incluso ha contado con aportación en los Presupuestos Generales del Estado en los últimos años.
La idea de crear una nueva sede para esta colección se plasmó durante la etapa de la egabrense Carmen Calvo como ministra de Cultura y a partir de entonces fue apareciendo en dotaciones presupuestarias que nunca se concretaban. La idea era conseguir dar más espacio al centro que ahora mismo ocupa el antiguo Hospital de la Caridad, en la plaza del Potro, con notables problemas de instalaciones que se manifestaban cada cierto tiempo y muy limitada por las pequeñas dimensiones de su sede actual.
La gestión de Calvo
Calvo ya tenía la idea de que en este nuevo edificio se crease una sección de arte contemporáneo que diese cabida a la colección Circa XX, con la que había mantenido contactos para que sus obras recalasen en Córdoba. Según sus planes, tenía que ser un edificio de corte vanguardista que, tanto en el continente como en el contenido, completase otros grandes proyectos de la ribera izquierda del Guadalquivir, como el Centro de Creación Contemporánea de Córdoba, puesto que la ubicación elegida era junto a la torre de la Calahorra.
Carmen Calvo, con quien este periódico ha intentado hablar, sin conseguirlo, en estos días para conocer su opinión sobre este tema, lo manifestó así en el momento de dejar su cartera ministerial en junio de 2007 y aseguró entonces que el proyecto quedaba encarrilado.
La pelota quedó pronto en el tejado del Ayuntamiento, que tenía que liberar el suelo y ponerlo a disposición del Ministerio de Cultura, titular de la institución aunque la gestión correspondiera a la Junta de Andalucía.
El futuro Museo de Bellas Artes tenía que ir en una amplia parcela situada junto a la torre de la Calahorra, separada del hotel Hesperia por otra zona en la que se tienen que levantar Viviendas de Protección Oficial (VPO). Los muros del centro deberían dar a la avenida de Cádiz, a la de Fray Albino y a la Bajada del Puente.
Aproximadamente la mitad de este espacio ya estaba en manos del Ayuntamiento, pero el problema estaba en el resto, ocupado por casas y establecimientos comerciales. Para hacerse con este suelo, el gobierno municipal tendría que haber iniciado un proceso de expropiación de este espacio que se prevé largo y costoso, puesto que los propietarios habían manifestado su disconformidad.
La llave para intentar compensarles está en el solar de VPO, ya que a los propietarios se les ofrecería una casa en esta nueva manzana, a pocos metros de su vivienda anterior. Así lo reconoció en enero de 2009 el entonces presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, Andrés Ocaña. El actual alcalde abría una vía para dar urgencia al proyecto: comenzar en el suelo disponible mientras se expropiaba. La anterior delegada de Cultura de la Junta, Mercedes Mudarra, creía que este espacio era «más que suficiente» para comenzar, pero no se hizo. Los anuncios de que el proyecto se desbloquería de inmediato se sucedieron en el Ayuntamiento, pero al día de hoy el avance no ha servido para que el Ministerio de Cultura pueda comenzar las obras.
En aquel año 2009 los Presupuestos Generales del Estado consignaban apenas 200.000 euros para este proyecto, después de que en los dos años anteriores figuraba un millón de euros que nunca se gastaron. Para 2011 ni siquiera se ha incluido partida para un Museo de Bellas Artes que no tiene todavía ni siquiera un proyecto redactado.



