Un total de 270 niños, muchos en su primer año de vida y otros de una edad en la que ya podían acudir por su propio pie, acudieron ayer a cumplir con una tradición de la ciudad: la de pasar bajo el manto de Nuestra Señora de los Dolores.
La cita tiene lugar en el día de la Purificación, el mismo en que se presentó a Cristo al templo, y por ello la cofradía cita a los más pequeños para ponerse bajo la protección de la imagen más venerada de la ciudad. Las familias pasaron al camarín de la iglesia de San Jacinto en que se rinde culto a la Señora de Córdoba y se situaron bajo el manto, que en esta ocasión era de color negro y liso. A todos ellos la cofradía les entregó un recordatorio con su nombre de esta jornada.



